A Fondo A Fondo
domingo 16 de octubre de 2016

La agenda del progreso

Desde hace años en el mundo desarrollado, y en aquellos que apuntan a serlo en serio, se dejó de discutir un tema: una de las claves para el desarrollo y el progreso de un país es la apertura comercial. Al mismo tiempo en Argentina el proteccionismo parece ganar cada vez mayor poder. No debería sorprendernos entonces el porvenir que ha acompañado a nuestro país en estos años, en comparación con el de aquellos que decidieron emprender el camino de los tratados de libre comercio.

Hay algo claro, el proteccionismo sirve para proteger a empresarios prebendarios y poco eficientes en perjuicio de los consumidores.

La clave para que una economía funcione es la competencia, y el proteccionismo mata esta eficiencia, generando a la par miles de distorsiones. Otra realidad que se ha demostrado con evidencia es una fuerte correlación entre apertura comercial y generación de puestos de trabajo, justamente otro de los grandes déficits de nuestro país.

El problema es que el viejo y conocido discurso de proteger la industria nacional tiene muchos adeptos y calza perfecto en cualquier discurso populista. Pero se trata de una política que genera una distribución de los recursos tremendamente regresiva: desde los consumidores desprotegidos hacia los empresarios beneficiados. En estos días en los que volvimos a repetir la imagen de miles de mendocinos tratando de cruzar al vecino país para comprar lo que sea a un precio lógico, vale la pena reflexionar sobre lo que ocurre con su economía a raíz de sus tratados de libre comercio.

Actualmente Chile mantiene TLC (Tratados de Libre Comercio) con países como Estados Unidos, China y la Unión Europea, más los acuerdos con países de la Alianza del Pacífico, y muchos más. En este país, contrario al temor general, se ha generado una expansión y fortalecimiento de las exportaciones en los últimos años hacia los países con los cuales se han firmado convenios. Donde claramente Chile ha incrementado el volumen de exportaciones en los sectores donde presenta una ventaja competitiva, e importando productos donde claramente tiene desventajas competitivas. Esto último también es una de las claves para el mejor funcionamiento de una economía, la eficiente asignación de los recursos. El comercio exterior ha sido uno de los principales motores de la economía chilena en los últimos años.

Lo que sí queda claro es que para poder competir con el mundo, necesitamos cambios en Argentina.
Es decir que debemos concentrarnos en las variables que hacen a la competitividad. Erróneamente en Argentina cuando se habla de generar competitividad todos salen a pedir una devaluación.
Nuevamente una política que beneficia sólo a ciertos sectores, impactando principalmente en el bolsillo de los trabajadores, licuando el poder adquisitivo de sus salarios. Es decir otra política regresiva. Hoy el Banco Central apunta a volver a un régimen de tipo de cambio flotante, con lo cual la competitividad se debe generar desde otro lugar.

El World Economic Forum publica su índice de competitividad, en el cual Argentina se ubica 104 entre 138 países. Este índice se basa en diversos pilares entre los que podemos resaltar: institucionalidad (puesto 130), contexto macroeconómico (puesto 130), eficiencia de los mercados (puesto 135), eficiencia del mercado laboral (puesto 130), y desarrollo del mercado financiero (puesto 127). Dentro de eficiencia de los mercados podemos destacar: competencia local (137), competencia externa (136), y presión impositiva (138). Deberíamos agregar acá el alto costo logístico, sobre el que sobren estudios al respecto, nuevamente respondiendo al lobby de determinados grupos. Es decir que mirando estos simples indicadores ya tenemos una pequeña agenda de trabajo para mejorar la economía.

Las inversiones no llegan solamente por pedirlas, para que las inversiones lleguen se necesitan condiciones adecuadas. En un mundo globalizado, un país donde las reglas de juego no son claras, con una de las mayores presiones tributarias del mundo, con sindicatos que hacen y deshacen a su gusto, y cerrado al mundo (y por ende al progreso) sin dudas es difícil que sea atractivo para los inversores. Hoy se puede invertir con mucha simplicidad en cualquier lugar mundo, por ello debemos transformar a Argentina en un destino atractivo.

Llegó la hora de competir.

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