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domingo 30 de julio de 2017

Ir rumbo a un fango de maldad insolente

Estar obligado a ser interventor en un mundo de desalmados puede borrar la sonrisa hasta de los buenudos que portan carnet

Suena a chiste que Alberto Bochatey, aquel curita alto, mofletudo y de apariencia bonachona que en Mendoza cerraba las transmisiones de un canal de TV fabricando buena onda, tenga ahora que inmiscuirse en todo ese fango de maldad insolente que durante años se desparramó en el instituto Próvolo, de Luján de Cuyo.

Bochatey ha sido designado por el papa Francisco, muy tardíamente, como "comisario apostólico" para investigar –para el consumo interno de la Iglesia– toda la basura que curas, monjas y algunos civiles desparramaron en ese colegio ubicado en Mendoza.

El Próvolo es una institución destinada al cuidado y la educación de niños con discapacidades auditivas y, por ende, chicos con problemas para comunicar el infierno que les tocó vivir a manos de los que debían cuidarlos.

A vos no te va nada mal
Hoy Bochatey ya no es aquel cura jovial y dedicado a la buena parla para transmitir el libreto católico.
Ahora tiene toda la apariencia de un obispo muy bien alimentado y muy bien bebido.

Lo suponemos muy afecto a las buenas siestas en su cargo de obispo auxiliar de La Plata, una diócesis donde reina como arzobispo Héctor Aguer, uno de los más reaccionarios pastores de la Iglesia Católica argentina.

Aguer cree, por ejemplo, que "la nueva racha de los femicidios tiene que ver con la desaparición de los matrimonios".

¡Ah, el Bombal!
Bochatey ya no tiene aquella expresión de beatitud de los cierres televisivos, épocas (1988-1995) en la que él era cura párroco del muy paquete templo de San Agustín, en el barrio Bombal, de Ciudad.

Siempre sonriente, en supuesta paz con su alma y con Dios, haciendo ese marketing tan habilidoso más propio de los pastores evangélicos que de los católicos.

Tal vez ese gesto de buenudo se le haya borrado cuando se enteró de que el Papa lo mandaba a descender a los infiernos para traer información sobre los diablos humanos.

Y tal vez el julepe lo haya llevado a sufrir una descompensación que lo llevó a estar un día internado en Mendoza.

El Dante de la gente
En La Divina Comedia, de Dante Alighieri, los pecadores deben descender al "Inferno" compuesto por diversos círculos según la gravedad del mal realizado.

En los primeros círculos, los que están más cerca de Dios, son ubicados aquellos que sus pecados no son tan graves, lo que les permite cercanía con el creador.

Por ejemplo, en el primer círculo están los que sin ser pecadores no han sido bautizados o no han nacido en la fe católica.

A medida que la gravedad del pecado aumenta los castigados van más abajo. El espacio se achica porque se alejan de Dios, el peor castigo.

Entre los mayores pecadores de la obra del Dante están los que realizaron el mal conscientemente, los que traicionaron a sus huéspedes (eso es lo que eran los niños del Próvolo que pernoctaban en esas instalaciones), los traidores a la familia (la Iglesia en el caso de los curas) y los traidores a Dios.

Muchacho argentino
El ciudadano argentino Jorge Bergoglio, conocido hoy como papa Francisco y factotum universal de la Iglesia Católica, había cerrado su boca y evitado decir palabra acerca de las denuncias y las investigaciones contra curas abusadores en ese colegio católico mendocino.

Francisco continúa sin hablar claramente sobre este particular, pero por lo menos, ahora ha nombrado un "comisario apostólico" para que se ponga al frente de la investigación administrativa que le cabe a la Iglesia.
De acuerdo con los antecedentes de casos similares dentro de la Iglesia en otros lugares del mundo, es escaso lo que en este sentido cabe esperar del Vaticano.

Tapar, esconder, trasladar
La verdadera justicia, la que todos aguardan como ciudadanos de este país, pero en particular los familiares de los chicos abusados, será la de los de tribunales mendocinos.

Hombres doctos juzgando a hombres abusadores.

Y no iglesias insistiendo en la tradicional reacción de la curia de trasladar o esconder a los abusadores con sotana.

En este caso, no sólo hay varones involucrados, sino hasta una monja que se habría encargado de asistir con pañales a los niños violados para esconder los sangrados que generaban esos ataques sexuales.

Pobre Verona
Otra de las misiones que tendrá Bochatey como interventor será la de revisar todas las instituciones educativas de sordomudos que la Iglesia Católica maneja en el mundo.

Ya hay denuncias de que en el Próvolo ubicado en Verona, Italia (la ciudad de Romeo y Julieta) han sucedido delitos sexuales similares y que habrían comenzado hace varias décadas. Lo mismo ha acontecido en el Próvolo de La Plata, en la provincia de Buenos Aires.

¿Habrá entrevisto Bochatey en sus noches mendocinas esta pesadilla que le preparaba el destino?
Investigar a desalmados le borra la sonrisa a cualquiera.
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