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domingo 16 de abril de 2017

Habrá Residencia oficial y ya reclaman el avión

Nunca nos habíamos ocupado de este asunto. El gobernador se pagaba su casa como cualquier hijo de vecino. Pero ya no

Estábamos tan tranquilos y ahora resulta que vamos a tener que ocuparnos de mantener la nueva residencia oficial del gobernador de Mendoza.

El empresario Enrique Pescarmona le ha donado a la Provincia una estupenda casona en La Puntilla, Luján de Cuyo, de 722 metros cuadrados cubiertos, que perteneció a sus padres.

Es decir un inmueble con unas 10 veces más de metros construidos de lo que ocupa la casa de un mendocino de a pie.

En este caso rodeada, además, de un gran parque que lleva el predio a un total de 4.344 metros cuadrados.

La condición impuesta por el donante es que sea destinada a crear la versión mendocina de la Residencia de Olivos.

Don José
Esto de la Residencia oficial es un asunto que aquí nunca había prendido por más que hubo algunos intentos de imponerla.

En Mendoza sigue primando desde el siglo diecinueve la enseñanza sanmartiniana de que nuestro gobernador debía conservar ciertos aspectos del ciudadano común.

Debe de ser por eso que nos hemos acostumbrado a que el mandatario viva en su casa particular, sin que los mendocinos tengamos que pagarle el personal de servicio o atenderlos en la faz privada de una manera especial.

A gastar, mi amor
Pero bastó que apareciera lo de esta nueva residencia oficial para que empezaran a salir los políticos con más pedidos de gastos.

Por ejemplo, desde el justicialismo no faltaron los que batieron el parche con la necesidad de comprar el avión oficial de la Provincia para uso exclusivo del mandatario que tanto nos hace falta, según ellos.

¿No le suena a ese sonsonete de hamburguesería donde nos ofrecen agregar dos bombones por otros $2.000?

Hacete cargo
Los mendocinos mantenemos la idea de que cada uno debe hacerse cargo de sus gastos. Incluso los gobernadores.

Que se haya mantenido ese concepto del esfuerzo personal del mandatario ha tenido su basamento en el hecho de que aquí no hay reelección de gobernador.

Está claro que avalamos que los mandatarios deben cobrar los gastos de representación que un cargo de ese tipo e importancia requiere.

Fulano eterno
A los mendocinos nos gusta lo decoroso pero no lo principesco.

Eso ha hecho que no abunde en Mendoza ese aspecto propio de los que tienen sueños de realeza o de las provincias donde al poder familiar lo sostienen las reelecciones indefinidas.

En nuestra Mendoza los gobernadores tienen vedada la idea de eternizarse en el poder.

O de que ese poder lo hereden sus hijos o los consortes del mandatario de turno.

Es decir, todo eso que es lo contrario a la república.

Justo a él
La donación de Pescarmona le ha venido a caer justo a un gobernador con nulo empaque glamoroso como Alfredo Cornejo.

Él es agrandado, sí, pero no en esas aparatosidades versallescas, sino para concentrar poder político.

Este mandatario ya ha dicho que por más que se cumplan todos los pasos que una donación de este tipo implica, él no va a ir a vivir a la Casa Pescarmona, y busca que la norma de aceptación les deje a futuros mandatarios la opción de ir o no a vivir en La Puntilla.

El empresario donante ha explicado que a él le daba un poco de vergüenza que en Mendoza no hubiese una residencia oficial, como existe en casi todas las provincias, para que el gobernador reciba a las visitas importantes que arriban a nuestra provincia.

El salvador
Para quien esto escribe, la prohibición constitucional de la reelección del gobernador nos ha salvado hasta ahora de terribles males.

Aquí no hay familias feudales creciendo mefistofélicamente al rescoldo del poder, ni apellidos que impongan candidatos, ni grandes escándalos de corrupción que demandan mucho más que cuatro años de gobierno.

Hasta ahora hemos vivido sin residencia oficial y nadie se ha muerto por eso.

Pero no voy a machacar en contra. Aunque tengo dudas, admito que ya puede ser hora de que Mendoza tenga su casa de gobernadores.

Pero no necesariamente eso nos va a ser mejores.

Tal vez tampoco peores.

Dicho de manera figurada, el gobernador ya no va a vivir como cualquier hijo de vecino.

Y bien, habrá que ir pensando en agregar un presupuesto para "la Residencia". Y más personal. Y mayor seguridad. Y la mar en coche.

De algo sí estoy seguro: vamos a perder una marca que nos distinguía.
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