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martes 29 de noviembre de 2016

Grupos de Whatsapp de padres: pesadilla para docentes y alumnos

Propagar rumores, hacer falsas acusaciones, pasar a mayores problemas que niños resuelven en minutos o cuestionar los métodos del maestro son prácticas habituales que restan más de lo que suman.

¿Están mamás y papás interfiriendo en el rol del docente y perjudicando la formación de sus hijos? "Son lo peor de los últimos años", afirma una madre. "Hay un antes y un después por el famoso Whatsapp", corroboran los docentes.

Los grupos de mensajería de padres y madres son ya parte de la vida de la escuela, y con ellos ha llegado la última pesadilla para muchos docentes.

Mensajes como el que compartimos al pie de este párrafo, hacen pensar en que hay una enorme brecha entre la escuela y los padres, o, al menos, que no persiguen los mismos objetivos en algunas cuestiones.

Al leer eso, me surge la pregunta: ¿fuerza para pelear contra quien? ¿Hay un enemigo? ¿El lugar que elegís para educar a tus hijos es el mismo que luego cuestionás sin parar?

Las situaciones de conflictos derivados de los grupos de madres de WhatsApp se multiplican. Lo que antes eran reuniones en las puertas de los colegios en determinados momentos del día se ha convertido en una "reunión" constante, donde todos los temas se ponen en juego a golpe de emoción , se propagan rumores con gran facilidad, amparados en la distancia que ofrece el teléfono.

Óscar González, autor del libro Familia y Escuela, Escuela y Familia explica:

"Hacemos uso de un doble lenguaje, delante del profesor digo una cosa, pero luego en Whatsapp..."

Y agrega: "es un problema que la tecnología está amplificando, pero en esencia viene de lejos y es la brecha entre familia y escuela".

Para González se dan distintos tipos de problemas con el uso de esta red social entre padres y madres:

  • Controlar las agendas de los niños -deberes, exámenes, actividades del colegio-, quitando esa parte esencial de su educación que es "ser responsables, escuchar al profesor, ser autónomos".
  • Críticas, "generalmente destructivas", al maestro o incluso a otros padres y madre.
  • Sembrar dudas o propagar rumores.
  • Tratar problemas con el docente en el grupo, intoxicando al resto
  • Creación de subgrupos alternativos con las personas que se tiene más afinidad.

Las preocupación más extendida es la parte de control sobre el niño que se ejerce con el grupo. Asistencias, deberes, trabajos, proyectos, fichas, exámenes, qué entra, qué no, cómo se hace el ejercicio tal...

Esas preguntas se las hace una madre y agrega: "Prefiero que mis hijas no lleven los deberes un día y las maestras les digan lo que tengan que decirles, seguro que van tomando responsabilidades y dándose cuenta de sus errores".

Para un uso más correcto de esta herramienta, González recomienda sentido común y recordar el propósito que tienen estos grupos: utilizar el grupo para intercambiar "información útil" sobre los niños.

Evitar convertirse en la agenda del menor, erradicar los rumores o no escribir nada que uno no le diría a otra persona en la cara son otros consejos que propone, teniendo en cuenta que se trata de ayudar al alumno que cada día pierde más autonomía.

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