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domingo 09 de octubre de 2016

Grave: la Justicia, cada vez más lejos de la gente

Frente el clamor social. El gobernador y Venier le siguen apuntando al "garantismo", que dificulta el combate contra el crimen

Es una pregunta sustancial para los tiempos que corren: ¿la Justicia privilegia al delincuente o a la víctima?

¿De qué lado se pone cuando le toca mediar?

Si bien se trata de un interrogante obvio, su solo planteamiento resulta ofensivo por partida doble.
Al Poder Judicial lo ofende porque, se supone, ellos no deberían inclinar la balanza para ninguno de los lados. Son el "justo medio". La moderación. La imparcialidad.

Se supone.

Para el ciudadano común y silvestre, para la "gente" (utilizando este comodín todoterreno) también el solo planteo suena primariamente ofensivo. A nadie, en su sano juicio, se le ocurriría pensar, ni remotamente, que los jueces puedan torcer su simpatía o su inclinación teórica, al menos, para el flanco criminal.

Y sin embargo, el debate está planteado. De manera intensa.

La inseguridad ha vuelto a encabezar el ranking de preocupaciones y desvelos de los argentinos.
Una ola de temor –y de consecuente indignación– recorre el país, con nuestra provincia a la cabeza.
Tal ambiente promueve manifestaciones espontáneas y multitudinarias en las calles. Pasó, una semana antes, en Mendoza, tras la muerte de tres jóvenes mujeres. Luego en Tucumán, por el fallecimiento de Juan Viroche, el cura antinarco.

Apenas dos olas en un mar que se encrespa día a día.

Poner a la víctima en el centro
De todas la grietas, sembradas o reflejas, que vienen cruzando la sociedad, las más problemática es la que pone a los jueces y a los ciudadanos en orillas que se distancian.

Pero hay una novedad política, importante, con relación al año pasado.

Hoy, en general, los gobiernos concuerdan con la opinión pública, al contrario de en elperíodo kirchnerista cuando el llamado "garantismo" contaba con la total simpatía oficial.

"El centro del proceso penal tiene que volver a ser la víctima", decía por estas horas el ministro de Justicia, Germán Garavano.

La ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, lo había dicho de manera más cruda, poco antes, en ocasión del médico que ultimó a un ladrón en su domicilio del departamento bonaerense de San Martín: "El concepto claro es que las víctimas no son los victimarios sino la persona que fue robada y atacada".

Garavano, al mismo tiempo, viene reclamando contra "la puerta giratoria" que pone rápidamente en libertad a los delincuentes.

Aquí, el gobernador Alfredo Cornejo y su ministro de Justicia, Gianni Venier, levantan igual voz.

Jueces de mano blanda
Más similitudes. Garavano reclamó a jueces y a fiscales que "reaccionen frente a la comisión del delito".

Cornejo y Venier lo suscribieron en estas horas luego de que el juez de garantías David Mangiafico liberara a siete sospechosos detenidos tras un espectacular operativo antidrogas en Colonia Segovia. Antes había ocurrido lo propio con el juez federal Marcelo Garnica.

El estupor social que causaron dichas decisiones judiciales creció con el caso de Gerardo Juan González, el ingeniero de 73 años que condujo 15 kilómetros borracho y mató a tres personas y que recibió, por parte de la Séptima Cámara del Crimen de Mendoza, una pena de cinco años, con arresto domiciliario.

Las razones técnicas que fundamentan estos fallos abundan.

Las razones que atizan la indignación popular, también.

Sutilezas abolicionistas
El Gobierno local, que apunta a avivar su combate contra la inseguridad, se siente en medio de la telaraña tejida por una Justicia penal a la que considera, mayoritariamente, influida por el credo garantista, el denominado "abolicionismo zaffaroniano" cuyo mayor exponente es el "supremo" Omar Palermo.

"Si no fuera por algunos magistrados de la vieja escuela, que aún quedan, Mendoza sería la provincia más abolicionista del país, junto con la Ciudad de Buenos Aires", protestan en el Ejecutivo.

Todo lo cual lleva a un choque, inevitable, con la sociedad, que reclama, abrumadoramente, otra cosa.
"Los tipos no perciben que están haciendo las cosas mal. La corporación se habla a sí misma", explican.

¿Y el clamor social? ¿Y la "gente", que sólo quiere vivir tranquila?

Simple: "Los garantistas, apoyados por el club de los derechos humanos, llaman a eso populismo punitivo. Y cuando el Gobierno se hace eco de esa inquietud, dicen que lo aprovecha para hacer populismo político".

Una anécdota de tiempo atrás ilustra, de forma magistral, la predisposición por aplicar el castigo más leve a su alcance: en el ambiente judicial se le colgaba el mote de Manimal al que era bruto en derecho y, ya convertido en burro, al llegar a tribunales era "carcelero", aplicaba penas rigurosas.
Ignoraba las sutilezas para sobreseer. Las típicas sutilezas del garantismo abolicionista.

Así lo sufre, conceptualmente, el Gobierno.

¿Solución? ¿Líneas a seguir?

El empuje del gobernador, dicen.

Las nuevas normas que se impulsan, como la "ley de preventiva".

O una idea singular, que está en estudio: sacar a la Justicia de su cueva, levantar su velo de secretismo y que sus fallos puedan salir a la luz, ser discutidos públicamente.

Acciones. Algo que contribuya a trascender este páramo de senderos que se bifurcan.
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