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domingo 12 de febrero de 2017

Gepetto existe: vive en Córdoba y crea muñecos que tienen movimiento propio

Se define como un "rey sin corona", pero con castillo. También como un "junta cosas" pero a ellas les construyó un museo.

También como artesano, pero de los de antes. Una especie de Gepetto contemporáneo que le da vida a sus muñecos.

Se llama Francisco Argentino Romano, y hace casi 25 años que vive en Villa General Belgrano, Córdoba. Allí construyó su reino: la fachada de un castillo que encierra un museo politemático.

Sin embargo, a lo largo de su vida, dedicada a la artesanía y a la creación de objetos –tal y como lo hicieron sus antepasados italianos– vivió un tiempo en Mendoza, donde tiene grandes afectos. Por eso regresa cada tanto, a buscar el paisaje, el vino y las acequias.

Tito es el creador de los carteles tallados en madera que le confieren a la ciudad una atmósfera de cuento
.
Este entrañable personaje del pueblo cordobés que ha adquirido repercusión nacional por tener su propio "oktoberfest".

Tiene mucho para contar. Recolectar algunas de sus historias le da sentido a esta conversación.
"Yo le diría primero que soy un rey, pero sin tierras ni coronas. Sólo poseo la fachada de un castillo", se autodefine ante la consulta de cómo describiría su trabajo.

Este lugar especial es el ecléctico museo politemático "Castillo Romano".

El término "politemático", alude a la cantidad de objetos que se exhiben en él: desde vitrolas que funcionan perfectamente, hasta máquinas para tomar daguerrotipos, pasando por los autómatas que son el orgullo del artesano porteño, cuyos antepasados llegaron desde Calabria a la Argentina para trabajar en las más variadas tareas. Fueron carniceros, albañiles, trabajaron la madera y el hierro.
"Aprendí de mi padre a ser artesano. Pero yo soy artesano de los de antes: de los que nos dábamos maña para todo, ¿me entiende?", le dice a esta periodista. Cómo no entender cuando una también ha sido nieta de inmigrantes italianos gritones y exagerados para todo: la tragedia, el amor y la comida.
"Yo fui el que propuso esto de los carteles a la municipalidad de Villa General Belgrano", cuenta Tito sobre la disposición de la cartelería en madera que rige para los negocios del pueblo. Después la Comuna le dio formato de ordenanza. El punto es que quien respeta esta norma –que unifica y embellece al pueblo- recibe un beneficio impositivo.

Tito es un porteño que fue y vino por la geografía del país. En ese trayecto, vivió un tiempo en Mendoza, donde aún residen los Cangealosi, una rama de la familia de su madre.

"Estuve un tiempo pupilo en la escuela Don Bosco. Mendoza es una ciudad que siempre me atrae, sobre todo por los afectos que tengo allí", sostiene recordando sus tiempos en la provincia. Sin embargo, ni su Buenos Aires natal, ni nuestra tierra lo atrajeron para quedarse como sí lo hizo ese pueblo cordobés donde se estableció en 1992 y construyó su reino.

Tiene 3 hijos y 2 nietas, pero además, es padre de sus creaciones: los muñecos autómatas.

–¿Cómo fue que se dedicó a crear estos muñecos?
–Bueno, porque cuando yo era chico no existían las tablets, ni las computadoras, ni los celulares. Los juguetes había que fabricarlos. Me interesa dejar un legado a las generaciones futuras de cosas hechas por mis propias manos, quizás a modo de mensaje, para que entiendan que también se pueden fabricar cosas, y no sólo buscarlas por medio de la tecnología.

–Recuerdo una película, "La invención de Hugo Cabret", donde un niño descubre un autómata inventado por George Meliés, uno de los primeros cineastas de la historia. ¿La vio?
–¿Y qué le parece? A mí me gusta estar al tanto de todas las novedades al respecto de lo que me gusta hacer.

–¿Y qué tipos de autómatas ha creado?
–Tengo varios Pinochos, de todos los tamaños. Debe ser porque me parezco físicamente a Gepetto (se ríe, ya que verdaderamente se parece a él).

–Sin embargo, no solamente este personaje de cuento ha encontrado vida y lugar en su taller de artesanías.
–También he fabricado un Atahualpa y algunas escenografías que funcionan automáticamente. Pero mi especialidad son los Pinocho, ellos han viajado por todo el mundo. (Y sin duda que Tito es conocido por esos autómatas, quizás tanto o más que por el castillo que lleva su nombre. Sin embargo, "El Castillo Romano" es mucho más que el hogar de estos muñecos).

–Además de los autómatas, ¿qué puede encontrar una persona que quiere visitar su museo?
–Cosas. Antigüedades, escenas de la vida que pasó, inventos del hombre con respecto a la música, a la fotografía, doscientos años de inventos de este tipo. En el museo tenemos vitrolas que funcionan perfectamente, todo tipo de aparatos de audio, las primeras máquinas de fotos que existieron, las que servían para tomar daguerrotipos. Esas máquinas en la que había que estar mucho tiempo quieto para tomar una imagen. Pueden encontrar todas estas historias.

–¿Para qué edades está diseñado el museo?
–Para gente de 2 a 99 años. Los chiquitos disfrutan con los muñecos, los mayores se sorprenden de la cantidad de inventos que hubo antes de la tecnología con la que interactúan ahora. Los adultos sienten nostalgia, algunos objetos les traen recuerdos.

–¿A quién piensa dejarle su legado?
–Tengo tres hijos y dos nietas. Dos de mis hijos viven en Buenos Aires, el otro vive acá conmigo y es quien trabaja a la par mío. Me gustaría que esto perdure para la gente que lo visita. Ahora que la tecnología es tan voraz, dejar cosas hechas con las propias manos me parece fundamental para las generaciones que vienen.

–¿Usted tiene entendido que existan otros lugares semejantes a este?
–En Nono, un pueblo enclavado en las sierras cordobesas, existe el museo Rocsen, que se presenta como "politemático", el Castillo Romano pertenece a esta línea. Después hay otros lugares, pero no son exactamente politemáticos. Por ejemplo el museo de ferrocarriles miniatura, de La Falda.
–¿Se considera un artista?
–No, yo soy un artesano, como ya le dije, de los de antes. De los que nos arreglábamos para hacer lo que hiciera falta: tallar, clavar, soldar. Hace poco alguien puso en internet que yo era simplemente "un junta cosas" como si eso fuera a ofenderme. Por el contrario. Puedo ser un junta cosas y en eso reside el encanto de este castillo.

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