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domingo 03 de septiembre de 2017

"Estuve días sin dormir cuando tomé conciencia de las fotos que saqué"

La mendocina Marcela Miret estuvo presente en el atentado ocurrido en Barcelona y sacó una de las impagenes que dio vuelta al mundo

Cuando la mendocina Marcela Miret se fue a vivir a Barcelona, en mayo pasado, lo hizo en busca de una vida nueva, de aventuras, y de aprendizajes. No se imaginó que sus esfuerzos por tomar caminos nuevos la llevarían a capturar uno de los momentos más dramáticos de la historia de esa ciudad: el atentado en Las Ramblas. Su foto de la tragedia dio la vuelta al mundo en cuestión de horas, después de que ese 17 de agosto ella y su compañero en la faena fotográfica, David Armengou, se contactaran con la agencia EFE para venderle algunas de las imágenes que produjeron de ese trágico atentado que dejó 16 muertos.

Sin embargo, ella no quiere vanagloriarse por su registro. Dice que fue obra de la fatalidad y del destino el hecho de haber estado cerca, y con la cámara en la mano; dice que está aprendiendo y que no es fotógrafa. Pero la realidad da cuenta de otras cosas.

Dice que Marcela tiene 52 años y 6 hijos grandes. Que los tuvo muy joven. Que no tuvo tiempo para pensar en lo que quería ella. Que sólo trabajó y que su trabajo fue incansable. Que se decidió a irse y que en esa partida volvió a tener 20 años, y que después de tener que hacer crecer a tantos niños y niñas, decidió crecer ella. Y en esos procesos que a veces decidimos encarar las mujeres, de criarnos a nosotras mismas, de ser nuestras propias madres y preguntarnos qué deseamos cuando deseamos, pasan estas cosas.

Pasa que un día estás intentando salir adelante, y la vida te zamarrea sin miramientos.

Imágenes del ataque terrorista
"Vine acá porque soy de familia catalana, y Barcelona me hace acordar mucho a mi papá. Pero soy muy abierta. La verdad es que no sé qué voy a terminar haciendo, si me voy a ir a vivir de nuevo a Argentina o si me quedaré en Chile. Por ahora estoy conociendo gente, y haciendo fotografía, pero no de modo profesional, al menos no todavía", contó.

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En esto de tejer nuevas redes en España se encontró con David, el fotógrafo que puso el crédito en las fotos. Marcela cuenta que esto fue acordado entre ambos, porque ella, a pesar de tener doble ciudadanía, no ha terminado de recibir los papeles para el documento español.

"David tampoco es fotógrafo full time, sino que tiene otro trabajo. Cuando podemos hacemos fotos, yo colaboro para aprender", relató. Y en esto estaban cuando el 17 de agosto los sorprendió el atentado terrorista. "Estábamos haciendo un trabajo cerca de Las Ramblas, que terminamos como a las cinco menos diez de la tarde. De repente, vimos a toda esa gente que corría. Estábamos a media cuadra", recordó.

Ella sabía que algo importante estaba ocurriendo. Pero no se imaginó el panorama que se encontraría minutos más tarde.

"Yo estaba con el equipo de fotografía, le dije a David 'vamos', no sabía muy bien de qué se trataba. A mí me hacía ilusión hacer fotoperiodismo, o fotografía documental, y se me presentaba la posibilidad de hacerlo, pero nunca me imaginé lo que iba a fotografiar, ni lo que iba a suceder después con las fotos" fue su descripción.

Inmediatamente después se dieron cuenta de que lo que tenían era un documento histórico y quisieron que se conociera.

"Nos metimos en un hotel, para ponernos en contacto con EFE, y fue una cosa muy rápida, muy poco hablada. No nos pagaron mucho. La emoción en ese momento era la de hacer un documento que tuviera historia", explicó la mendocina.

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Bajo perfil. La fotógrafa no quiere sacar réditos de la foto de  Barcelona.
Bajo perfil. La fotógrafa no quiere sacar réditos de la foto de Barcelona.

Sin embargo, a los días, se dio cuenta de que ella también fue una víctima indirecta del atentado.

La conmoción
A todos los y las que trabajamos en los medios nos ha pasado alguna vez de sentir conmoción por lo que estamos escribiendo o fotografiando. Sin embargo, hay una realidad que aunque parezca obvia vale decirla: es nuestro trabajo. Y hay que hacerlo con la misma profesionalidad que un médico atiende a un paciente terminal o asiste en un accidente.

Esta fue la parte que a Marcela más le costó de lo que le tocó vivir. Comenzó a no poder dormir. ¿Qué había hecho? ¿Estaba bien difundir esas imágenes? ¿A cuántas familias les provocó dolor verlas?
"A los días de no poder dormir, tomé conciencia de lo que se había transmitido a través de mi fotografía, porque justamente la fotografía que sale en todos los periódicos, la de la gente tirada en La Rambla, es mía. Estuve muchos días llorando, hablé con un psicólogo que atiende a las víctimas del atentado. Esa persona me ayudó muchísimo. También hablé con otros periodistas que me dijeron que a veces te quedaba este sabor amargo de saber si estaba bien o mal, hasta qué punto lastimé a las familias de la gente que estaba ahí, todo eso a mí me pesa", afirmó.

De todas maneras, su cámara se convirtió en los ojos del mundo, y las imágenes cobraron un valor testimonial que no se puede soslayar. La mayoría de los diarios de papel llevó esa impactante foto en la tapa.

"Mis hijos me llamaron inmediatamente para saber cómo estaba. Les conté que había estado ahí, y que había hecho fotos. Les mostré las fotos de Las Ramblas. Al rato me dijeron 'mamá, tu fotografía está por todos lados'. Ahí empecé a tomar una dimensión muy distinta de lo que había vivido", explicó.

"Cuando me pongo a tomar fotos, sea lo que sea que estoy fotografiando, trato de mostrar un suceso.
Cuando hago retratos, por ejemplo, sí involucro más mis sentimientos. En esto fue algo bastante mecánico. El psicólogo me lo explicó: yo en ese momento dejé una parte de mí totalmente de lado, la parte sensible. Después de toda esa conmoción, cuando me fui ubicando en lo que había vivido me vino toda la parte sensible y lloré bastante", añadió.

Claro que decirlo es fácil para alguien que no estuvo allí. Para ella no lo es tanto. Por esto destacó: "Creo que en cada tipo de fotografía vos tenés recursos internos que utilizás para hacerla mejor. En el caso de la fotografía documental, como sucede con los fotógrafos que van a las guerras, tenés que dejar de lado los sentimientos y creo que yo no estaba preparada para eso".

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