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domingo 19 de junio de 2016

Está en Chile el pueblo más seco del mundo

En medio del desierto. Se llama Quillagua y está situado a 1.600 kilómetros de Santiago. En esa localidad la temperatura ronda los 35 grados a la sombra

En pleno desierto chileno de Atacama, en medio de un desolador paisaje de tierras infecundas y áridos cerros, se divisa un diminuto e incomprensible oasis. Se llama Quillagua y es el pueblo más seco del planeta.

Treinta y cinco grados a la sombra azotan esta localidad, situada a dos horas por ruta del enclave minero de Calama. Poco importa que en Chile sea invierno en esta época del año. En Quillagua nadie sabe qué es el frío. Unos pocos y esforzados algarrobos dan la apariencia verde al lugar. Las extensas raíces de esta especie arbórea se alimentan de una napa que fluye varios metros bajo el suelo.

Unas 150 personas, en su mayoría ancianos, habitan este villorrio que se levanta en la región de Antofagasta, a unos 1.600 kilómetros al norte de Santiago y a 150 kilómetros al noroeste de Chuquicamata, la mina de cobre a cielo abierto más grande del mundo.

En Quillagua no hay agua potable. La proporciona el ayuntamiento de María Elena, el municipio al que pertenece el pueblo. Con la electricidad pasa lo mismo. Los vecinos la reciben solo ocho horas diarias, cuando aprovechan para encender radios y televisores y cargar los teléfonos celulares. "Antes teníamos que ir al único teléfono que había en la plaza, o si no, esperar tres o cuatro meses a que llegaran las respuestas de las cartas que mandábamos. Ahora comemos en la mesa hablando por el celular con nuestros cercanos", relata con entusiasmo un vecino.

En el pueblo hay una iglesia, un servicio de urgencia atendido por un enfermero y una dotación de bomberos que más que apagar incendios, raciona el agua que escasea.

"Este pueblo es tranquilo, está fuera de la civilización", comenta Victoria, una vecina.

En 2002, la revista National Geographic catalogó a Quillagua como el punto más seco del planeta. Los 0,2 milímetros caídos en 40 años lo atestiguaban.

Catorce años después, el pluviómetro apenas ha variado. Solo se registró una llovizna cuando en marzo del pasado año un fortísimo temporal azotó el norte de Chile y devastó varias ciudades de la región de Atacama afectadas por aluviones y desbordes de ríos que dejaron 28 muertos y miles de damnificados. Luis nació hace 63 años en Quillagua y casi no conoce la lluvia.

"De niño recuerdo que cayó un poco y se mojó la madera. Tuvimos problemas, porque aquí sólo se cocina con leña".

Quillagua nació a inicios del siglo pasado, cuando Chile era el principal exportador de salitre. El pueblo aprovisionaba el forraje para los animales de las compañías salitreras.

El villorrio linda con un río, el Loa, que atraviesa el desierto de Atacama desde los Andes hasta el Pacífico.
Hace medio siglo, los pobladores pescaban pejerreyes y camarones del río. Había patos y en las zonas colindantes se plantaba maíz, acelgas, remolachas y alfalfa.

Pese a las duras condiciones de este lugar, los vecinos de Quillagua se resisten a abandonarlo. "Aquí no hay entretenimiento, pero la vida es muy sana, muy tranquila. Todos los días son iguales", filosofa uno de los vecinos.
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