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domingo 11 de septiembre de 2016

Esquivando otra vez esa palabra tan molesta

En los talleres de Educación Sexual Integral que se dan en los colegios secundarios se puede hablar de casi todo, menos de "eso"

Hay palabras que nunca salieron de la boca de Cristina Fernández de Kirchner en sus dos períodos como presidenta de la Nación ni tampoco en el de su marido, el finado Néstor Kirchner.

Veamos sólo cinco de esas palabras inexistentes:
*inflación,
*inseguridad,
*corrupción
*pobreza
*aborto.
La ex presidenta está entre las personas que creen que lo que no se nombra no existe.

Sin embargo, ahora, ya fuera del poder, Cristina ve con claridad que existe inflación, inseguridad, pobreza y corrupción... pero en la gestión de Mauricio Macri.

La quinta pata
Nos ocuparemos en esta ocasión de la quinta palabra, la menos trajinada, el aborto.

Esta semana se ha vuelto a advertir que el aborto es una realidad que sigue sin estar incluida en los talleres de Educación Sexual que se dan en las escuelas secundarias de Mendoza y del país.

Además de ignorar la palabra aborto, Cristina desalentó durante su gestión, o mejor dicho ordenó cajonear, cualquier proyecto al respecto que se le pudiese ocurrir a algún legislador kirchnerista.

Mire, vea

Lo extraño, en contraposición, es que Cristina promovió una serie de leyes que ampliaron parte del universo de los derechos civiles.

Por ejemplo, el matrimonio entre personas del mismo sexo, la modificación del Código Civil para incorporar las nuevas realidades familiares, y la ley de identidad de género.

Es decir, todos asuntos que podrían hacer prever que en una mandataria que aboga por un menú temático progresista, no debería faltar alguna consideración sobre el aborto.

A lo nuestro
Lo concreto, la noticia, es que en estos días se ha vuelto a confirmar que hablar del aborto es un tema que se esquiva groseramente.

Un funcionario de la Dirección General de Escuelas de Mendoza (DGE)lo explicó así: "No está prohibido hablar del aborto en las escuelas, pero nosotros no hemos pensado incluirlo en los talleres".
Traducido al criollo debería leerse más o menos así: "Mire, sabemos que es un tema candente, que a la ciudadanía le atañe y le importa, pero como seguimos manejándonos con miedos y prevenciones atávicos, preferimos no meternos en líos".

¿Serán –me pregunto– los efectos colaterales no deseados de que el papado de la Iglesia Católica esté en manos de un argentino?

Volvamos a lo nuestro
La situación no ha cambiado mucho en la administración de Mauricio Macri. Así puede comprobarse en los materiales didácticos que envía el Ministerio de Educación de la Nación.

Según una nota que publicó Diario UNO, no existe en ellos ninguna indicación acerca de cómo se debe abordar la problemática del aborto en los colegios secundarios.

Tan negados están a tratar un asunto que afecta a diario a cientos de mujeres, que ni siquiera están mencionados en esos materiales los casos en los que la ley sí permite, y con absoluta claridad, la realización de un aborto.

La ausencia

¿Por qué nuestros adolescentes y jóvenes deben seguir desconociendo que el artículo 86 del Código Penal resguarda el derecho al aborto en todos los casos de violación y no solamente cuando la mujer violada sea una incapaz mental?

¿Cuántas mujeres saben, además, que tienen derecho al aborto en todos los casos en que la gestación ponga en riesgo la vida de la madre?

¿Quién ha visto una campaña en los medios masivos que les advierta a las mujeres de que tienen esos derechos?

Está claro también que toda mujer tiene derecho a practicar la religión que quiera, como a no practicar ninguna, y a seguir los preceptos que elija, es decir, o bien lo que marca su religión católica de no al aborto en cualquier caso, o lo que prevén nuestras leyes civiles.

¿Y la Carta Magna?
Es increíble que en un país en el que su Constitución fija claramente la separación del Estado y la Iglesia todavía estemos tomando prevenciones para que los obispos no se vayan a enojar porque nos ocupemos –como sociedad civil– del aborto como un problema sanitario que nos atañe a todos.

El del aborto es un asunto en el que se muestra con meridiana claridad que la gente de a pie va muchísimo más adelantada en el "rubro sentido común" y en defensa de sus derechos más vitales que muchos de nuestros funcionarios.

No se trata que de nadie se vuelva proabortisas si no quiere serlo. Se trata de que el Estado no se desentienda de una problemática que existe, que está a la vista de todos, y que lo obliga a dar respuestas sanitarias y legales a quien la necesita.

Una crónica publicada el viernes pasado en Diario UNO sobre este debate comenzaba así: "En los talleres de Educación Sexual Integral que se dictan en los colegios secundarios se puede hablar de métodos anticonceptivos, de embarazo, de diversidad sexual o abuso sexual, menos de aborto".

De eso no se habla.

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