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domingo 13 de marzo de 2016

Espumantes la revolución del vino

El desarrollo del segmento hay sido el de mayor dinamismo en la industria en la última década. La clave fue el mercado interno. Dejó de estar asociado a las fiestas

El vino espumante ha sido, junto a la expansión de algunos varietales, uno de los fenómenos mundiales de mayor trascendencia en el mercado de vinos y también en el argentino.

De la mano de nuevas preferencias de los consumidores, la incorporación de nuevos países al hábito del vino, la presencia destacada de la mujer en el consumo y elección de los vinos y una nueva generación de jóvenes las bodegas desarrollaron productos más fáciles de beber, frutales y desarrollaron el mercado de la "burbuja".

Esta expansión queda de manifiesto en el último informe de la Vitivinicultura Argentina elaborado por la División Vinos del Banco Supervielle, sobre datos del cuarto trimestre de 2015.

En el informe se destaca, entre otras cosas, la aparición de nuevas bodegas que ampliaron la oferta.

El mercado argentino hace un par de décadas tenía aún un bajo consumo por habitante, muy alejado de los países tradicionales europeos. Sin embargo, las nuevas tendencias que aparecieron en el mundo también desembarcaron en nuestro país y en apenas una década el consumo se duplicó y mostró una tasa de expansión cercana al 10% anual.

Comparativamente, se trató de una "revolución" comparable a la expansión del Malbec.

En consonancia con esta expansión la inversión también creció. De 61 bodegas que había en 2006 hoy superan las 100 y el número era menor a una decena apenas un cuarto de siglo atrás. No menos importante fue a expansión de viñedos. El Pinot Noir, variedad insignia de los mejores espumantes franceses, pasó de algo más de 230 hectáreas en 1990 a casi 2.000 hectáreas en 2015. Mientras tanto la superficie de Chardonnay cuyo destino principal es el espumante pasó de 900 hectáreas a más de 6.800 en el mismo período.

Sólo en el área vitícola se puede estimar que hubo una inversión cercana a los U$S280 millones.

Variedades como Semillón, Chenin o Pedro Giménez utilizadas en los espumantes de gama media de precios disminuyeron su superficie pero estaban muy extendidas en la elaboración de vinos genéricos blancos y la producción de espumantes detuvo su caída.

En los últimos años el sector incorporó espumantes de menor precio demandados por el público y se ha expandido la cantidad y calidad de productos y como el resto de los vinos ha sufrido la fuerte influencia de variables macroeconómicas adversas como la caída de ingresos en el mercado argentino y el retraso del tipo de cambio para la exportación.

Sin dudas, un cambio en el ambiente macroeconómico tendrá impactos de consideración en el mercado de los espumantes argentinos.

El desarrollo en Argentina

El desarrollo del segmento de vinos espumantes ha sido sin lugar a dudas el de mayor dinamismo de la industria del vino argentino en la última década al pasa de una venta total de 2,5millones de cajas en 2006 a 5,4 millones en 2015 con una tasa de expansión anual del 9,6%.

El gran dinamizador fue el mercado interno que, salvo la caída experimentada en 2010 un crecimiento constante, en especial en los últimos años.

El espumante en la Argentina dejó de ser considerado una bebida asociada a las fiestas de fin de año, similar al fenómeno internacional y alcanzó una importante penetración en la noche y en el consumo femenino. Estos factores, sumados al crecimiento de la oferta de marcas y de precios, y al mejoramiento de la calidad, hicieron que esta categoría se convirtiera en la más dinámica del mercado. El mercado externo, aunque creciente desde 2006 mostró, como casi todas las exportaciones, su máximo histórico en 2012 aportando aproximada-mente el 10% de las ventas totales. La afirmación de que se trató del segmento más dinámico de la industria tiene su fundamento en la comparación con la evolución de la venta del total de vinos argentinos que disminuyó en volumen en el mismo período a una tasa del 0,8% anual y si se lo compara con el segmento más dinámico que fue la exportación de vino fraccionado, éste creció a una tasa anual del 2,7%. Como se ve una tasa muy inferior a la expansión del vino espumante. La expansión de los espumantes tiene su correlato en los cambios de hábitos que tuvo el consumo mundial y argentino de vinos con una preferencia por las "burbu-jas", los blancos y los rosados de la mano de las generaciones jóvenes y el consumo femenino. El espumante dejó de ser un vino sólo de alta gama de precios sino que se expandió en las franjas de precios medios.

A nivel mundial el fenómeno más destacado fue el Prosecco italiano que ha pasado a convertirse en el vino espumante de mayor venta desplazando a los clásicos Champagne y Cremant franceses o el Cava español.

En la década del '90 en Argentina había sólo un puñado de bodegas que elaboraban y fraccionaban espumante mientras que en 2005 esa cifra alcanzaba un total de 61 empresas y en 2015 la cantidad se había casi duplicado hasta las 101 empresas lo cual revela que el fenómeno dejó de ser sólo aprovechado por unas pocas firmas sino que se generalizó en la industria y en la actualidad la mayoría de las bodegas que actúan tanto en el mercado nacional como internacional con vinos fraccionados han incorporado al espumante en sus portfolios de vinos.

Algunos estudios sostienen que el papel de los jóvenes ha sido fundamental en la expansión y la mayoría de ellos tienen una fuerte cultura en bebidas gaseosas y en cerveza, todas ellas con burbujas.

Las bodegas

En los últimos años el total de empresas que declaran ventas de espumantes se ha mantenido estable y el fenómeno puede explicarse por la menor actividad económica. A lo anterior se agrega que la mayoría de las empresas que sumaron espumantes a sus portfolios son pymes. En cuanto a la localización, de un informe elaborado por el Observatorio Vitivinícola Argentino se advierte claramente que la principal zona de elaboración y fraccionamiento de espumantes se ubica en la Zona Centro de Mendoza con el 57% del total de empresas y además esta región es la que explica más del 50% de la expansión. Hay que tener en cuenta que varias de las elaboradoras y fraccionadoras de vinos espumantes venden el vino a otras bodegas que amplían así sus portfolios sin necesidad de contar con equipamiento específico. Es destacable la expansión que ha tenido la región del Valle de Uco que en el año 2005 no tenía empresas de espumantes y en 2013 había pasado a 13 empresas y también la expansión que ha tenido la región sur de Mendoza.

Otras regiones vitivinícolas como Salta y San Juan han tenido también una fuerte expansión relativa al tamaño de su producción vitivinícola local.

Esto revela que el fenómeno de los espumantes no quedó reducido a unas pocas empresas y tampoco se concentró regionalmente.

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