A Fondo A Fondo
domingo 27 de agosto de 2017

El sueño de que se hable sólo de lo que está bien

La dimensión en que se mueven los funcionarios de mayor rango es muy distinta a la suya o a la mía. ¿Está mal? No necesariamente

Los gobernadores viven en una dimensión distinta a la suya o a la mía.

Y sufren a diario porque los ciudadanos insisten en hablar de algunos temas de la "miseria humana" y no del plan de obras que se está cumpliendo en Guaymallén.

La dimensión en la que ellos se mueven tiene, claro, una lógica: la del poder político.

O para decirlo en términos de una película que está de moda: quien llega a ese tipo de poder pasa a estar en La cordillera.

Es una lógica que también suele colarse –a escala, claro– con las relaciones que todos nosotros, los de a pie, establecemos en la vida cotidiana.

Obvio que no es lo mismo la forma de ejercer el poder con nuestras familias o amigos que hacerlo desde un cargo como el de gobernador o el de presidente, donde millones de personas están expectantes de las satisfacciones o decepciones que nos genere ese mandatario.

La ensoñación
La lógica del poder está basada en siglos de prueba y error de la política humana.

Cuando los candidatos a gobernador o a presidente están en el llano, aún de campaña, peleando por llegar, cuestionan el uso personalista del poder.

Y hasta sugieren que ellos nunca se dejarán envolver por esos efluvios dañinos que los alejan del sentir popular.

Pero basta que se pongan la banda y tomen el bastón de mando para que, sutilmente, casi sin percibirlo, comiencen a dejarse a ganar por la mencionada lógica del poder.

Como quien se deja embriagar por un perfume o por las propiedades de los aromas de un vino.
Y fíjese lo que le digo: en muchos casos eso es absolutamente necesario.

La razón es sencilla. Cuando el mandatario aún lleva bien activada su conciencia sabe que además de no robar debe gobernar para el bien común, no para las facciones.

O por lo menos lo debe hacer para la mayor cantidad posible de sectores, muchos de los cuales viven en pugna entre sí.

En realidad quedar bien con todo el mundo es un horizonte al que es imposible llegar. No obstante debe seguir siendo un norte porque las decisiones políticas deben beneficiar a la mayor cantidad posible de gente.

El áspero
El viernes pasado Alfredo Cornejo volvió a enojarse con los periodistas, esos pelmazos, porque tras la recorrida por una obra muy necesaria para Guaymallén esos cronistas le hicieron preguntas ajenas a la obra que se recorría, un canal de drenaje para que diversas zonas de Guaymallén no queden anegadas cuando llueve.

¿Qué pasa? Pasa que cuando los gobernadores viven metidos dentro de cuadros presupuestarios, de licitaciones, de influyentes que quieren llevar agua para sus molinos, de intrigas palaciegas, de ministros que resultaron ser unos ineficientes, de tira y afloja con el Gobierno nacional, cuando todo eso pasa el sueño de los gobernadores es que se hable sólo de las cosas que están saliendo bien.
Eso, mire vea, es voluntarismo puro. Pero es en lo que ellos creen.

Es imposible que los periodistas se abstengan de preguntar cuando tienen la posibilidad de tener a tiro al gobernador y cuando, justo ese día, han pasado hechos que han despertado el interés público con más fuerza de la que pueda generar un magnífico canal de drenaje de 150 millones de pesos para eliminar las inundaciones en el departamento más poblado de la provincia.

Veamos, dijo un ciego
¿Está mal que un gobernador se enoje con los periodistas?

En realidad lo que está mal es que los funcionarios ignoren la función de nexo con la ciudadanía que cumple la gente de prensa.

Está mal que ignoren la jerarquía constitucional que tiene la prensa.

Una cosa es que un gobierno quiera tener una política comunicacional coherente y moderna, y otra muy distinta es que esa política tenga como fin que se conozca sólo lo que le conviene al gobierno.

Desde hace varios años se viene instaurando en los gobiernos una especie de supuesta "antipolítica" comunicacional.

Es la que tiende a esconder información, a negar datos que son públicos, a desalentar las investigaciones sobre actos de gobierno.

En todos los ministerios y reparticiones hay un ejército de comunicadores institucionales.

De ellos, muy pocos cumplen la función de facilitar el conocimiento de información que debe ser pública y que por hache o por be es retaceada o directamente escondida.

Los que se fueron
Entre las variadas herencias negativas que nos dejó el kirchnerismo está la de esconder información de gobierno bajo el argumento de que la "prensa hegemónica" la desvirtúa.

Es la misma lógica que usaron para dinamitar el INDEC y mentir alevosamente sobre los índices de inflación, o para negar las cifras de pobreza bajo la excusa de que darlas a conocer sería exponer a los pobres al escarnio público.

Ni Macri ni Cornejo son el kirchnerismo, pero a veces pareciera que a varios de sus funcionarios les encantaría manejarse con el látigo cuando algunas cosas no salen como ellos habían previsto.

Puedo entenderlos cuando determinados funcionarios se quejan del menguado nivel de conocimientos de algunos periodistas o de cómo en ciertas circunstancias hay cronistas o redactores con preconceptos o que se niegan a merituar debidamente la información que se les proporciona.

Sin negar que algunos de esos casos aludidos en el párrafo anterior existen, debo decir que muchos periodistas están cansados de que los funcionarios les mientan, que les nieguen información, que se la deformen, o que sólo estén dispuestos a hablar cuando a ellos les conviene.

La advertencia
Si hay una actividad que necesita de límites, ésa es la del ejercicio del poder político.

Cuando decimos, por ejemplo, citando a lord Acton, que "todo poder tiende a corromper, pero que el poder absoluto corrompe absolutamente", la filosofía política nos está advirtiendo de que uno puede comprender ese estadio singular que es ejercer el poder, el estar en La cordillera, sus particularidades, pero también que de esa comprensión debe hacerse fuerte la convicción de que la política es una de las actividades más necesitadas de controles.

Balanceemos
Cornejo está en su derecho de quejarse de los periodistas, de molestarse porque éstos no sigan la "agenda" de buenas noticias que todo gobierno necesita para vanagloriarse.

Pero la prensa también está en su derecho de preguntar, de inquirir, de investigar, de quejarse de que los "prenseros" del gobierno les dificultan el acceso a la información (por orden de sus jefes, claro) , o de que no haya conferencias de prensa del gobernador. Tal vez allí se le podría preguntar sobre "miserias humanas", como los abusos en un albergue escolar o sobre padres que agreden a maestras.
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