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domingo 11 de junio de 2017

El primer psiquiatra argentino que describió a los psicópatas

El 3% de la población posee rasgos de psicopatía, según el doctor Hugo Marietan, especialista en este tipo de personalidades

¿Alguna vez se cruzó en la vida con un ser brillante, de conductas excéntricas, de gran poder de seducción, que terminó siendo un manipulador, egoísta y lo llevó al colapso psíquico? Pues no se sienta especial. Usted (varón o mujer) se ha relacionado con uno de los 1.200.000 psicópatas que se calcula que hay en el país, y salir de sus emboscadas emocionales no es tarea fácil. El número no es caprichoso. Quien explica que se estima que el 3% de la población posee rasgos de psicopatía es el doctor Hugo Marietan, especialista en este tipo de personalidades y el primero, en Argentina, en investigar a estas personas y describir sus rasgos.

El psiquiatra y docente de la Universidad de Buenos Aires (UBA) ha dedicado parte de su carrera a estudiar, describir y escribir acerca de lo que él mismo llamó "el psicópata cotidiano". Se trata de varones y mujeres con características y necesidades especiales con respecto al poder, que terminan siendo nocivas para los que se vinculan con ellos, pero –aseguró el especialista– no son enfermos, aunque probablemente terminen enfermando a los que resultan ser "sus complementarios".

Marietan es uno de los profesionales más consultados por los medios en los casos de femicidios, pero él aclara que un psicópata no necesariamente es un asesino o ejerce la agresión física. Por esto, él se refiere al "psicópata cotidiano", como un ser adaptado a la sociedad, que sin embargo, elige a un complementario (o complementaria) para ejercer el poder.

En esta entrevista, Marietan describe cuáles son las rasgos de personalidad de estos sujetos, como también aquellos con quienes se vinculan.

–¿Cómo comenzó su trabajo como psiquiatra?
–En un principio, estudiaba la esquizofrenia y la depresión siguiendo la vieja escuela argentina , que es muy prestigiosa en todo el mundo. Trabajaba en base a la observación de los pacientes, no guiándome por marcos teóricos de libro. Estudiaba transitando los pabellones del hospital Borda y del Moyano. Siguiendo el método que se basa en la clínica y verificación, pero con el paciente al lado. Era médico de hospital, pero a la vez tenía mi consulta privada.

–¿Qué lo llevó a especializarse en psicopatía?
–Fue por un caso en particular que tuve en mi consultorio a principios de los '90. Me vino a consultar una mujer con síntomas de depresión. Con el mismo tono monocorde, comenzó a hablarme de su marido, un abogado penalista muy brillante. Me cuenta que el esposo de vez en cuando la golpeaba en la cabeza, cuando ella no hacía lo que él quería. Lo hacía en un lugar que no dejaba marcas. Comencé a escarbar en esa relación.

–¿Qué descubrió?
–El hombre no sólo la golpeaba en la cabeza, sino que llevaba a su casa a los clientes que tenía, sujetos con apodos como El Dedo o El Hueso, degolladores, asesinos de todo tipo. Ellos se sentaban a comer con la familia, con los hijos de ambos. Cuando yo le preguntaba cuáles eran las razones por las que el marido hacía eso, ella respondía que esos eran sus clientes, para él era algo normal. Lo que me asombró es que ella era ama de casa, cuando en verdad tenía el título de abogada, y según me relató, había sido una brillante alumna en la universidad, incluso le ayudaba a estudiar al marido, que en las épocas de estudiantes no era bueno en la facultad.

–¿Ese fue su disparador?
–Con ese caso me cambió la cabeza, yo tenía frente a mi a una mujer brillante, a la que no le era permitido ejercer la profesión. Me contaba que él era infiel. Ella iba, lo buscaba donde estaba con las amantes y les golpeaba la puerta hasta que se cansaba. Después él llegaba como si nada y ella le tenía la comida lista. Ella decía que él llegaba tarde porque "era inspector de boliches".

–¿Cómo siguió?
–El caso fue un desafío para mí, me puse a pensar "esta no es una relación neurótica ni psicótica ni borderline. Fui a consultar con psicoanalistas, pero no me aclararon mis dudas. Me puse a leer libros en alemán y francés. Hasta que pensé que yo me estaba enfrentando a algo que no estaba descripto. Me puse a estudiar y llegué a descubrimientos propios.

–¿Cuáles fueron esas conclusiones?
–La complementaria es aquella persona que puede convivir con el psicópata cotidiano, puesto que tiene una tolerancia impresionante a aceptar aberraciones conductuales de su pareja. Ella obtenía cosas de él. Es la persona que se puede decir, "me destrata, me descalifica, pero creo que él va a cambiar", las complementarias siempre tienen la ilusión del cambio.

–¿A partir de este caso comenzó a desarrollar sus investigaciones?
–Fue el punto de partida, luego abrí una página web donde las personas cuentan sus casos, y también hay experiencias de pacientes que yo atendí. En un principio, los clasifiqué de cualquier manera y en verdad eran psicopatías. En 1998 empecé a publicar formalmente mis trabajos. Los españoles se interesaron mucho en mis investigaciones.

–¿La psicopatía es una enfermedad?
–No es una enfermedad. El psicópata es un ser distinto. Tiene necesidades especiales, relacionadas con el poder, en todos sus estamentos. Puede encontrarse en el ámbito empresarial, político, militar, en los clubes, en distintos estamentos de poder. Pero también pueden querer ejercer el poder dentro del ámbito de su familia. Sin embargo, no tienen por qué ser seres extraños ni asesinos seriales, muchas veces se los percibe como personas comunes, adaptadas a la sociedad.

–¿Cuáles son sus características principales en el trato con las personas que usted califica de complementarias?
–Lo que caracteriza la relación de los psicópatas con sus complementarios es la cosificación. Le quitan al sujeto sus atributos de persona, siempre trabajan para sí mismos, son egoístas acérrimos. Ellos siempre quieren tener razón. La culpa no es de ellos cuando algo sale mal, pero sí es de ellos el crédito cuando los resultados son buenos.

–¿Emocionalmente, cómo se muestran?
–Su gama de emociones es baja. El amor, la ternura, la solidaridad, la empatía, el cuidado, la culpa, el remordimiento, la angustia, no existen en su psiquismo. El psicópata es un ser sin angustia. Básicamente, manejan dos emociones: una es el entusiasmo. Se entusiasman y son capaces de trabajar 24 horas sin dormir para concretar un proyecto. La otra es la ira, tienen grandes ataques de ira cuando no logran satisfacer sus necesidades.

–¿Cómo describe a un o una complementaria?
–El complementario de un psicópata es un neurótico. Ellos (o ellas) son personas con una falla, acotamiento o estrechez en su libertad interior. Quieren hacer cosas y no se animan. Son, en general, personas cobardes, con miedos o temores a distintas circunstancias de la vida. Tienen poca libertad de acción. Los psicópatas, por su parte, no tienen prejuicios, inhibiciones, represiones, ni angustias. Lo que sucede en este tipo de relaciones es que el psicópata toma al complementario y lo estimula a seguirlo. Uno de los ganchos que tiene es que el neurótico cree que al lado del psicópata va a poder concretar todos los proyectos que sólo no puede, que no se atreve a realizar.

–¿Quien se relaciona con un psicópata es una víctima?
–No lo es, por eso yo los describo como "complementarios". La víctima huye de su victimario, trata de ponerse a salvo. Una víctima jamás busca a su victimario. En cambio, el complementario se le pega, lo busca, ya que obtiene algo del psicópata: seguridad, beneficios económicos, ampliar su libertad interior...

–¿De qué manera se sale de este tipo de relaciones?
–Para el complementario, la única solución es el contacto cero. No ver ni hablar ni relacionarse de ninguna manera nunca más con el psicópata. Si no la relación nunca termina.

–Por último, ¿en todos los casos de violencia de género se dan este tipo de relaciones?
–No necesariamente. En el caso de los varones que ejercen violencia hacia las mujeres, muchas veces sucede que el agresor se arrepiente, para luego volver a comenzar un nuevo período de buena relación, hasta que ocurre otro episodio de violencia. Pero en el caso del psicópata, el arrepentimiento no existe. No se arrepienten porque no sienten culpa.

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