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domingo 19 de marzo de 2017

El PJ trata de hallar una salida de su largo limbo

¿Ser halcón o paloma? El fuerte liderazgo político de Cornejo llena de dudas al peronismo, urgido de renovación para la batalla electoral

Son dos países. Muy distintos. A años luz uno de otro. Uno de esos países tiene como gran vidriera a Buenos Aires.

El otro país, más escueto, más sociable, más respetuoso en su modestia, vive como puede en buena parte del territorio nacional. En el "otro" territorio, allende el emponzoñado ámbito bonaerense y/o porteño.

Dicha situación contagia a cada uno de los actores políticos.

Entre ellos al peronismo mendocino que, como pocos peronismos provinciales, se enfrenta al enorme desafío de recuperar su forma. De recuperar –en metáfora boxística– la vertical, después de una seguidilla abrumadora de nocauts electorales a lo largo de estos años.

El infierno en Buenos Aires
La triste realidad de los dos países que componen la Argentina de hoy favorece a Mendoza con una situación de benevolencia en términos de democracia y republicanismo. También en términos de paz social.

Así como en la provincia no reina un Baradel, que privilegia su intransigente militancia política por encima del interés docente; así como el ítem aula, bronca de los maestros mediante, facilita el dictado de clases; así pues la discusión político-partidaria, con el calendario electoral en marcha, presenta ribetes de mayor racionalidad.

Es impensable toparse por estos lares con una personaje con tanta chapa como Luis D'Elía alentando abiertamente al golpismo vía Twitter: "Tremenda ola de rumores en toda la ciudad. Será verdad que Macri está pensando su renuncia????".

O la constante virulencia verbal de Hebe de Bonafini, atizada, otra vez, el jueves: "A Macri y Larreta les aviso una cosa: si a las Madres nos quieren sacar de la Plaza, yo, Hebe de Bonafini, les vuelo la Casa de Gobierno".

Hay vía libre para este tipo de manifestaciones, vedadas, se supone, para el hombre común y corriente.

"La victoria de los piquetes", columna de Luis Novaresio en esta misma edición, es parte sustancial del panorama que estamos analizando.

El PJ en su limbo local
Para el peronismo mendocino es una suerte no tener que desenvolverse en tal infierno porteño. No está en su naturaleza y, al mismo tiempo, no le posibilitaría recuperar parte de la simpatía social.
Necesita mostrar un rostro constructivo.

Pero tampoco habita en el Paraíso.

Deambula, en esta época, a tientas, por una especie de limbo, que es, como sabemos, "un estado intermedio entre el cielo y el infierno".

Para colmo, inauguró 2017, año de las legislativas, con una paliza en Santa Rosa, donde la radical Norma Trigo se alzó con la intendencia.

A la sucesión de derrotas en las urnas se le añaden otros dos problemas, que no son menores: la fortaleza del gobernador Alfredo Cornejo como jefe político, que la mayoría de los justicialistas vernáculos con dos dedos de frente reconocen y envidian, claro que en voz muy baja.

Y, por otro lado, que se han quedado sin un liderazgo fuerte en su propio partido, tras la defección de la dupla que conformaron, en el proceso anterior, Paco Pérez y Carlos Ciurca.

Para algunos eso es una desgracia, porque el justicialismo, históricamente, "es un partido fálico, acostumbrado a depender de caciques", según lo describe hoy, críticamente, un activo renovador como el ex ministro Guillermo Elizalde.

Para otros –son mayoría– esa acefalía virtual es una gran oportunidad. La gran oportunidad de barajar y dar de nuevo.

De alumbrar el nuevo peronismo, a la medida del siglo XXI.

Duda: ¿ser halcones o palomas?
Desde el traspaso del poder provincial de Pérez a Cornejo, hace más de un año, nada grave o calamitoso se le puede achacar al PJ local como fuerza de oposición.

Su conducta ha sido honrosa en términos generales. Empezando por habilitar el Presupuesto y desatarle las manos al Gobierno en cuanto al manejo financiero.

"Lo hemos dejado gobernar a Cornejo porque eso va en beneficio del conjunto. Con el Estado no se jode, es nuestro credo". Así se expresan algunos cabecillas legislativos. Como Jorge Tanús.

Ese proceder decoroso se trasladó a otras cuestiones más sensibles por ser de carácter íntimo, como las que afectaron al entonces ministro de Salud, Rubén Giacchi, o a la familia Biffi con el nebuloso caso de los rugbiers.

Es otro punto a favor, que diferencia la provincia respecto de la reyerta nacional.

Ahora bien, esta predisposición a respetar las normas de convivencia republicana ha generado ruido dentro del propio partido.

"Todo tiene un límite. Es cierto que no podemos ponerle palos en la rueda al Gobierno. Coincidimos. Pero tampoco podemos pecar de ingenuos. A veces parecemos Heidi", recelan otros, nerviosos, ante la necesidad, creen, de marcarle la cancha a Cornejo en temas específicamente de gestión. Como, por ejemplo, la cuestión social o la falta de políticas de fondo, de diseños estratégicos a mediano y largo plazo que trasciendan las urgencias del día a día.

El nerviosismo los lleva a cerrar filas para frenar una posible reforma electoral que contemple la reelección del gobernador. Hay más miedo allí que coherencia doctrinaria, en un partido históricamente reeleccionista –y reelegido– en todos los niveles habidos y por haber.

Candidatos, una necesidad
Aquellos empeñados en cambiarle no sólo la piel sino también las entrañas al PJ local, para que gane en horizontalidad, para que escuche al ciudadano y se adapte a los nuevos tiempos, como el mencionado Elizalde (Construir puentes es su consigna) o el vicepresidente partidario Roberto Righi, prefieren no hablar de candidaturas por el momento.

Sin embargo, la ronda de nombres es inevitable ante los plazos que se acortan. Principalmente pensando en la cabeza de la boleta electoral y teniendo en cuenta que, esta vez, el peronismo no tendrá un proceso nacionalizado. Cada provincia, cada distrito, decidirá según sus propias necesidades y coyunturas.

¿Quiénes suenan? Varios. Entre ellos el sanrafaelino Omar Félix o el mentado Tanús.

Hay soñadores que aventuran inmiscuir a postulantes de la talla de un ex ministro, docente y actual consultor como Raúl Mercau.

Y hay ventanas que se abren, tímidas, por ahora, hacia el Frente Renovador de Sergio Massa para, justamente, aumentar la masa crítica.

Son atisbos. Primeros sondeos de un alma colectiva que yerra, en zig zag, por los laberínticos senderos de su limbo político.

A la salida del cual esperan, con igual cotización, el cielo o el infierno. Fifty-fifty.

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