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domingo 01 de mayo de 2016

El periodista que inspiró a Picasso en su "Guernica"

George Steer, corresponsal del «Times», fue escritor y aventurero. Murió en accidente de automóvil enrolado en la inteligencia militar.

«Guernica, el pueblo más antiguo de los vascos y el centro de su tradición cultural, fue destruida completamente ayer por la tarde por aviones insurgentes. El bombardeo de esta localidad abierta, muy alejada de las líneas, se prolongó exactamente durante tres horas y cuarto, durante las cuales una poderosa flota de aviones, consistente en tres modelos alemanes, bombarderos Junker y Heinkel y de combate Heinkel, no dejaron de descargar sobre la ciudad más de mil libras de bombas, y se calcula que más de 3.000 proyectiles incendiarios. Los aviones de combate, mientras, planearon a baja altura sobre el centro de la ciudad para disparar a aquellos civiles que habían buscado refugio en los campos».

Así arranca [la traducción, del original en inglés, es propia] la crónica «La tragedia de Guernica», publicada por los diarios «The Times» y «The New York Times» el 28 de abril de 1937, en la que el periodista, escritor, aventurero y militar británico George Steer (1909-1944) desveló lo ocurrido dos días antes en la localidad vasca de Guernica. Steer, que acudió desde Bilbao junto a otros cuatro corresponsales de guerra, no envío su crónica por telegrama de inmediato. Regresó al día siguiente, habló con testigos, observó los efectos del bombardeo y rechazó, negro sobre blanco, la versión de que la ciudad había sido arrasada por un fuego provocado por los propios vascos.

La crónica de Steer apareció en la primera plana de todo un «New York Times». «Eso es lo que va a hacer que en el mundo anglosajón, en buena medida gracias a sus crónicas y a que era prensa conservadora, va a tener mucha difusión», detalla José Luis de la Granja, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad del País Vasco. «Paradójicamente, en Francia buena parte de la prensa va a aceptar la versión que da el cuartel general de Franco: que no había sido bombardeada». Comenzaba así una polémica que duraría décadas.

En aquel momento, del que se acaban de cumplir 79 años, las palabras de Steer traspasaron fronteras y llegaron a ojos de uno de los pintores españoles más universales: Pablo Picasso. «El leer todas las informaciones, las publicadas por Steer y las que recoge la prensa francesa, es lo que le va a decidir a pintar el cuadro de Guernica. Tenía el encargo del gobierno republicano para la exposición internacional de París, pero todavía no se había decidido. El leer qué había pasado en Guernica, las manifestaciones en París contra el bombardeo, y toda la polémica que se había generado, le lleva a eso», rememora De la Granja.

Estreno en Etiopía

Steer no había cumplido aún los 30 años, pero no era un novato en el oficio de la corresponsalía de guerra. En su libro «Crónica desde Guernica: George Steer, corresponsal de guerra», Nicholas Rankin detalla cómo a pesar de haber nacido en el extranjero (Sudáfrica) sus buenas conexiones con Fleet Street (centro neurálgico de la prensa londinense) le permitieron en 1935 convertirse en corresponsal de «The Times» en otro conflicto bélico, el de Etiopía-Abisinia, bajo el ataque de las tropas de Mussolini. Allí entablaría una gran amistad con el emperador Haile Selassie I. Una habilidad que trasladó después al País Vasco, donde mantuvo una relación similar con José Antonio Aguirre, jefe del denominado gobierno provisional del País Vasco.

«Era amigo de Aguirre, quien le da todo tipo de facilidades, y era filonacionalista. Va a tener una gran simpatía por los nacionalistas vascos, y la visión que da en [su libro] "El árbol de Guernica" es una visión idealizada de la Guerra Civil desde el punto de vista sobre todo del PNV y el Gobierno de Aguirre», confirma De la Granja, quien sin embargo subraya que se trata de «una fuente muy importante», a pesar de su inclinación ideológica y de que cometió «errores» en sus crónicas, para los historiadores. No en vano, en 1986 escribió Juan Pablo Fusi: «La mejor exposición de lo que fue la Euskadi autónoma durante la Guerra Civil sigue siendo el libro de Steer, "El árbol de Guernica"».

«La importancia de Steer es doble: es el periodista que da a conocer al mundo la verdad fundamental; luego podemos discutir sobre el número de muertos, cuántas bombas, etcétera, pero el hecho incontestable es que Guernica fue bombardeada la tarde del 26 de abril de 1937 por la Legión Cóndor, eso no se puede discutir», detalla el catedrático de la UPV. «La otra aportación, para mí como historiador, es que su libro es el mejor relato que contamos de la época, aun reconociendo su visión idealizada. El ver la vida cotidiana en Bilbao, el hambre que se pasaba, lo que comían los bilbaínos, las consecuencias de los bombardeos».

Steer no fue el único que visitó Guernica y comprobó de primera mano los efectos del bombardeo. Como se ha apuntado, otros cuatro corresponsales estaban con él. Sin embargo, son sus crónicas las que han pasado a la historia. Tuvo el olfato de esperar, regresar e indagar. «Es una guerra total y el primero que lo señala es Steer. Sobre todo es lo que provoca el gran miedo en París, en Londres. Lo que ha pasado en Guernica nos puede suceder a nosotros, como de hecho va a suceder en la Segunda Guerra Mundial. Ese es el mérito de Steer: adelanta lo que va a pasar».

¿Agente de inteligencia?

El celebrado libro de Rankin ha dado pie a cierta polémica. El autor ha negado que Steer, con su acceso total, facilitado por Aguirre, fuera un agente del servicio de inteligencia. Esto lo ha negado Rankin de forma rotunda. Sin embargo, tras una carrera «escribiendo contra el fascismo», como asegura en las páginas de «Crónica desde Guernica», lo cierto es que el corresponsal de guerra acabó mutando en militar especializado en la propaganda. Campo en el que resultó un pionero, un avanzado en lo que hoy se conoce como «guerra psicológica». Lideraba una unidad, la FPU, por sus siglas en inglés (de Forward Propaganda Unit), que a finales de 1944 le habían llevado hasta Birmania, donde los aliados combatían a los japoneses.

Allí encontró la muerte. El día de Navidad y de una forma más bien contraproducente para quien se había jugado la piel, por su trabajo, en más de una guerra: en un accidente, cuando viajaba en un todoterreno muy lejos de casa, en el sudeste asiático, en los estertores de la segunda Gran Guerra. Solo tenía 35 años. Sin embargo, le dio tiempo a escribir ocho libros y exponer algunas de esas verdades que suelen ser las primeras bajas en toda guerra. En los últimos años ha sido reconocido tanto en Guernica como en otro punto de Vizcaya, Bilbao, donde existe una calle con su nombre.

Ante todo, queda su legado, estrechamente vinculado al bombardeo de Guernica. Potenciado por el cuadro de Picasso, sin ser el primero ni el más cruento, se convertiría en el más universal. Lo explica De la Granja: «La importancia de Guernica es cualitativa: es un símbolo, es una población civil indefensa, todo el centro de Guernica queda destrozado, porque se lanzan bombas incendiarias, porque es mentira que se limitase a querer destruir un pequeño puente que encima no se destruyó cuando se lanzan más de 30 toneladas de bombas, y luego bombas incendiarias, y luego se ametralla a la población que está huyendo. Es un símbolo universal contra la guerra, la barbarie y el fascismo».

Fuente: abc.es

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