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domingo 31 de julio de 2016

El miedo al "Puerta a Puerta" y la industria nacional

Apenas se supo del retorno de las microimportaciones, las cámaras empresariales alertaron de que la producción será golpeada

Como si fuera algo similar a la llegada de un Apolo XI argentino a la Luna, el país festeja con la boca abierta la apertura de las compras por correo puerta a puerta, algo que en el mundo civilizado es moneda corriente hasta para los chicos.

Ahora se ha restablecido, pero tampoco de modo libre, sino con restricciones por monto, por kilos, por persona y por año. En términos generales, digamos que esta estúpida libertad permitirá, desde agosto, comprar por internet 1.000 dólares por vez, cinco veces al año. Nada del otro mundo.

Algunos analistas han opinado que "resulta francamente inentendible cómo el Gobierno no ha echado mano a esta herramienta de política económica para combatir la desgarradora inflación que padecemos". La inflación es un fenómeno monetario y económico que se produce por exceso de moneda y por restricciones a la competencia. Por ello, las soluciones a ese cáncer deben provenir de un achicamiento en el ritmo de expansión monetaria y una apertura de la competencia de oferentes".

El tema del peligro de las microimportaciones individuales con servicio puerta a puerta deja al desnudo la dramática pérdida de competitividad en Argentina. Y dispara al mismo tiempo una nueva edición para un debate clásico: de quién es la culpa la falta de competitividad de los productos argentinos, cómo se puede corregir y, sobre todo, hasta dónde se justifica el subsidio estatal o el sobreprecio de los consumidores.

Por detrás de esta pulseada entre la industria nacional y las importaciones está el macrismo, que intenta normalizar las relaciones con el mundo, desandando trabas y restricciones heredadas de la época K.

"Es una medida que apunta a facilitar la vida cotidiana de los ciudadanos. Recordemos que algo tan sencillo como comprar un libro se había transformado en una verdadera odisea", enfatizó el titular de AFIP, Alberto Abad, cuando comunicaron el reanudamiento del puerta a puerta.

"El nuevo sistema de envío es un ejemplo cercano a los ciudadanos de la integración inteligente con el mundo, que es uno de los ejes para el desarrollo que promueve este Gobierno", señaló el secretario de Comercio, Miguel Braun.

El funcionario agregó que "el Estado recauda casi la mitad de lo que se importa, se introduce competencia de manera muy medida y sostenida en el tiempo que favorece al consumidor y no descuida a la producción nacional", resumió el funcionario.

Sin embargo, "puerta a puerta" y "cuidado de la producción nacional" no son conceptos que para los industriales vayan de la mano.

Por el contrario, desde un amplio abanico de cámaras sectoriales salieron a pegarle al Gobierno, advirtiendo de que se le estaba abriendo la puerta a la competencia desleal.

"Si se masifica este servicio, el aparato productivo va a sufrir", resumió Vicente Lourenzo, vocero de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME).

Mariano Kestelboim, reconocido consultor de la industria textil y electrónico, afirmó que el nuevo régimen podrá convertirse en una competencia que "dañará al entramado productivo, especialmente a fabricantes de indumentaria y calzado".

"En la Argentina hay casi 35 millones de tarjetas de crédito, con que 1 millón de titulares, es decir, menos del 3%, realice compras por cerca de la mitad del tope máximo permitido, estamos hablando de importaciones por casi U$S3.000 millones anuales. Esto equivale a un cuarto de las compras totales que realiza la Argentina en concepto de bienes de consumo", graficó el experto.

Más allá del debate sobre las maniobras comerciales desleales por parte de las empresas chinas o los altos costos locales de fletes o gastos de comercialización, para los analistas, el desembarco del "puerta a puerta" genera temor por los problemas estructurales de competitividad que enfrenta la industria.

Según la consultora Abeceb, Argentina ocupa el penúltimo puesto en el ranking que mide el costo laboral en el sector manufacturas y que es liderado cómodamente por China. Alberto Schuster, director de la Unidad Competitividad, afirmó que el dato "expone los enormes desafíos" que tiene la industria argentina.

Lo cierto es que apenas se conoció el regreso de las "microimportaciones", cámaras sectoriales advirtieron de que se trata de un duro golpe para el aparato productivo nacional, bajo el argumento de que China paga salarios paupérrimos. El tema reaviva el debate sobre el valor del dólar y las falencias en productividad. Y es un nuevo termómetro de los problemas de la industria para competir.

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