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domingo 31 de julio de 2016

El lugar preferido de los suicidas

El Salto Tequendama en Colombia se ha convertido, luego de décadas de acontecimientos macabros, en el predilecto de desdichados y turistas.

Cerca de la ciudad de Bogotá, en Colombia, se encuentra una cascada de agua que ha servido de tumba a decenas de suicidas, que durante la primera mitad del siglo XX, saltaban a sus aguas en búsqueda de la muerte: El Salto Tequendama.

Cuentan los cronistas de la época, que durante los años treinta, e incluso hoy en día, suicidas de Bogotá y otras regiones cercanas emprendían el viaje hasta la orilla de esta catarata de agua, para descender en caída libre los 156 metros de altura que tiene esta caída de agua.

Los pobladores creen que la razón por la que los suicidas escogían el Salto de Tequendama es porque su geografía aseguraba la muerte definitiva, y la desaparición total del cadáver, pues su rescate era algo impensable.

Suicidios inexplicables

Otros, en cambio, creen que el lugar atrae extrañamente a la gente, y los impulsa a saltar en él. Al menos así piensan algunos, quienes aseguran que existe más de un historia de personas que se encontraban tranquilas caminando por la zona, y sin ninguna explicación, de improviso, corrieron hasta la orilla y saltaron al vacío.

Un ejemplo de esto es el caso recogido por el medio colombiano El Tiempo, el 27 de enero de 1941, que cuenta la crónica de un ex policía de nombre José Suárez, quien llevó a su novia a pasear por el Salto, pues éste –más allá de la fama dada por los suicidas- era punto de encuentro cultural de los bogotanos de principios de siglo XX.

La crónica cuenta que mientras caminaban, Suárez se detuvo en seco, beso a su novia, Isabel Vargas, subió a una roca, metió un mensaje en su sombrero y saltó a otra vida.

La mujer – prosigue el relato de ese diario- ante la desesperación quiso seguir a su amado. No obstante, la policía logró de tenerla.

No obstante, la mayoría de los suicidas lo hacían por amor, por deudas, por haberse enterado de alguna enfermedad terminal, aunque algunos también saltaron en soledad, y simplemente saltaron llevándose en su salto las razones de su final.

Vista desde el lugar predilecto de los suicidas para saltar en el Salto Tequendama

La piedra de los suicidas

Era tal la cantidad de suicidios ocurridos en esta caída de agua que los elementos del paisaje comenzaron a nombrarse en torno al fatal ritual.

Por ejemplo, a la roca predilecta por las personas que decidían poner fin a su existencia, los pobladores comenzaron a llamarla la piedra de los suicidas. Incluso, hasta hace muy poco, cronistas como el historiador Juan Pablo Conto refería que en la roca se pueden ver unas antiguas placas, en las cuales todavía se podía leer: "Tus problemas tienen solución. El señor Jesucristo te dice: yo soy el camino, la verdad y la vida".

Al parecer habían sido puestas ahí para alentar a los desesperados a pensarlo mejor, y conservar la vida.

El Lago de los Muertos

Por su parte, el lago que se formaba al final de la cascada era conocido como "el lago de los muertos", quizás por la gran cantidad de cuerpos que quedaron para siempre en sus aguas, pues –según la crónica "Salto Tequendama" del historiador Conto- no fue sino hasta 1941 que se pudo rescatar el primer cuerpo, de alguien que había saltado al Tequendama.

La mayoría de las familias no imprimían esfuerzo en recuperar los restos, así que saltar al Tequendama en realidad era desaparecer para siempre de la vida que se tenía, y además como refieren otros cronistas colombianos como Felipe González Toledo en 1941: "Gracias a esta forma de suicidio, las familias de los desdichados se ahorraban los costos del entierro, pues la caída garantizaba una desaparición total".

Los protagonistas del rescate de ese primer cuerpo –según reseña Juan Pablo Conto- fueron los conductores de los Taxis Rojos, quienes después de nueve intentos lograron recuperar los restos de su compañero Eduardo Umaña, quien había saltado días atrás. Lo encontraron en muy mal estado.

Lo distinguieron porque la suicida anterior era una mujer, y había saltado mucho más tiempo antes que Umaña, por lo que los taxistas concluyeron que de seguro también estaba en estado más avanzado de descomposición.

Tal como describía, en 1941, una crónica periodística del diario de ese país, El Tiempo, en referencia al suceso: "Se encontraba totalmente desnudo; únicamente conservaba una media y un pedazo de zapato (... ) la corbata la tenía fuertemente anudada a los ojos y estaba adherida a la piel".

Otro de los elementos del entorno, que comenzó a formar parte del escenario de los fatales clavadistas, fue una virgen, ubicada en frente de la piedra de los suicidas, a la cual algunos le pedían bendiciones antes del salto definitivo. La imagen comenzó entonces a llamarse "La Virgen de los Suicidas".

Una verdadera atracción turística

Ante el auge de suicidios, en esa época, las autoridades –tal como prosigue Conto- decidieron designar agentes de policía que impidiera a las personas quitarse la vida desde este sitio.

La guardia policial comenzaba a las nueve de la mañana, y su trabajo consistía en ahuyentar a quienes identificaran como posible suicida, así como a los cientos de turistas que se acercaban para conseguir su propia foto de algún salto al vacío.

Y es que la cantidad de personas que se quitaron la vida durante esos años era tal, que se habían convertido en una verdadera atracción turística, en la cual -como refieren algunos cronistas de la época- no sólo los turistas fotografiaban a los suicidas, sino que algunos incluso posaban, antes de lanzarse a la otra vida.

Fuente: misterios.co
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