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domingo 23 de octubre de 2016

El hombre récord que consiguió vencer sus propios obstáculos físicos

El mendocino dio 511 vueltas con su silla de ruedas a la pista de atletismo del Malvinas Argentinas, logrando una nueva marca en el Libro Guinness. Aún tiene los dedos morados por tanto esfuerzo

Felipe camina de espaldas, hacia atrás, lentamente. Es 1967. El sol cae sobre los viñedos de la finca González, en Panquehua, por los arrabales de Las Heras. Parado sobre sus empeines está su hijo Marito, con sus piernas débiles y temblorosas afectadas por la polio. Felipe intenta hacerlo caminar. Después, mucho después y cuando la escasa masa muscular de las piernitas del niño eran suficientes para mantenerlo en pie, Felipe cortó un palo de escoba de unos 50 centímetros para Marito. Una especie de vara de equilibrista. "En ese tiempo no había medianeras entre las casas, sino un pasillo angosto. Con ese palito, yo me iba sosteniendo entre las paredes hasta que me cansaba de usarlo y apoyaba los codos, que me quedaban sangrando". Ese niño, parado sobre los pies de su padre y de codos raspados, ahora figurará en el Libro Guinness de los Récords. Acaba de vencer una marca mundial, que estaba vigente desde hace 9 años. En 24 horas, recorrió más de 210 kilómetros en silla de ruedas. Desde las 11 del sábado 15 y hasta las 11 del domingo, Felipe Mario Gutiérrez dio 511 vueltas a la pista de atletismo del estadio Malvinas Argentinas, en Mendoza.

Ya ha pasado una semana, pero aún Mario no logra recuperar su ritmo de sueño y tampoco consigue comer mucho, a pesar de haber bajado varios kilos. "Apenas puedo comer de a poquito y duermo cuatro o cinco horas", dice en su casa del barrio Peluqueros, cuyas viviendas parecen querer treparse al piedemonte lasherino, construidas sobre un pedregal.

Vive allí desde fines de los '90 con su esposa, Patricia, y su hija Mara, que tiene 25 años y le ha presentado novio. "Ellas son mis fieles compañeras, en todos los órdenes de la vida. Arrancamos viviendo en una piecita y ahora estamos en esta casa, que todavía la seguimos pagando con el esfuerzo de cada uno", cuenta Marito.

La polio le dejó secuelas permanentes. Mario puede ponerse en pie y caminar por la casa, pero para hacer su vida cotidiana usa muletas y la silla de ruedas para hacer deportes. Su torso le daría envidia a cualquier hombre, pero sus piernas son delgadas, débiles y no tienen casi músculos. Por eso, las 24 horas del récord dejaron lesiones en donde deberían estar sus glúteos y que todavía no se han curado. También sus dedos pulgares están morados, por el impulso que debieron darles a las ruedas durante tanto tiempo en forma continua.

Mario es un luchador. Los codos ensangrentados del niño que fue se repiten durante sus 54 años. Pero dice que su batalla más dura no es contra la discapacidad. Lo más difícil ha sido superar los embates que da la vida y que sufren todos. Ya han muerto sus padres, un hermano, un hijo... "No recuerdo cuándo. Nunca he podido recordar esas fechas. Para mí se fueron y no regresaron más", y no logra contener la emoción.

Casi todos le dicen Marito. Así le decían también cuando era un bebé de 9 meses y contrajo poliomielitis. Así le decían en el pabellón del viejo hospital Emilio Civit, donde fue internado "en cuarentena" junto con su madre, Ramona Videla. "En ese tiempo se internaba al niño y a la madre juntos, ya que se consideraba que la mujer era la que tenía mayor riesgo de contagio por estar constantemente cerca de su hijo", relata. "Ella me contaba que el pabellón estaba lleno de niños con polio y que yo era uno de los más chiquitos", dice. Cuenta que de esos niños algunos siguen siendo sus amigos. "Nos unió la polio", afirma, con cierta ironía.

Después, ya dado de alta, Marito recuerda que Ramona lo cargaba en brazos y caminaba tres kilómetros, desde la finca hasta la parada del colectivo 14, para ir hasta el Instituto de Rehabilitación de Parálisis Infantil (IRPI), en Godoy Cruz. Fue así durante mucho tiempo, para tratar de recuperar lo que se pudiera.

Pero aun así, Mario dice sin dudar un instante: "Tuve una infancia muy feliz". Luego sentencia: "La vida te va a pegar tanto como vos lo puedas soportar".

Sobre ruedas
Es evidente que para Mario Gutiérrez la discapacidad es sólo una característica y que tiene la misma importancia que ser morocho o diestro. Más aún: tener el pelo oscuro fue insignificante en comparación con las alegrías que le ha dado la silla de ruedas. Su casa está abarrotada de trofeos y medallas.

Apenas como ejemplo, cruzó dos veces la cordillera de los Andes, corrió la maratón de Nueva York logrando el 10º puesto y participó 23 veces en la maratón nacional Adidas ganando varias de ellas y llegando segundo o tercero otras muchas. El récord Guinness es sólo una consecuencia.

"He tenido momentos muy gratos y otros, en donde he quedado caído a la vera de la ruta viendo cómo pasan los demás", destaca. Pero ese no es el recuerdo de un hombre con discapacidad. Es el de un deportista de alto rendimiento y el de un tipo que, día a día, trabaja y se esfuerza como cualquiera.

Guinness
A principios de diciembre de 2007, en la ciudad portuguesa de Vila Real y donde viven unas 50.000 personas, Mario Trindade, un hombre que nació con osteogénesis imperfecta, recorrió 182 kilómetros y 400m en un lapso de 24 horas en su silla de ruedas y estableció un récord Guinness. La proeza quedó registrada y vigente por los siguientes 9 años... hasta que se enteró el mendocino Mario Gutiérrez.

"Tengo como a amigo a Mario Trindade en Facebook y hace un año comencé a preguntarle cómo había hecho", recuerda. "La verdad es que mucha data no me dio...,¡vivo, el portugués!", expresa Gutiérrez y se ríe.

Pero esos datos fueron suficientes para que el mendocino se pusiera en contacto con la organización que, no por casualidad sino por su origen en 1951, lleva el mismo nombre que la cerveza.

Para que enviaran a un veedor oficial Mario tenía que conseguir 16.000 dólares contantes y sonantes. Pero Guinness también daba otra posibilidad para que fuera homologado el récord. "Tuve que gestionar la autorización y después organizar todo para que, una vez cumplido el objetivo, se pudiera presentar toda la evidencia necesaria: material fotográfico, publicación en los medios, planillas y registros de los jueces de la Federación Mendocina de Atletismo. También se exigió que 5 espectadores oficiaran de veedores", dice.

Todo el resto fue mucho tiempo de entrenamiento y de una muy detallada planificación. Entre el profesor Sergio Córdoba y la psicóloga Alejandra Vicente, del Instituto Nacional de Rehabilitación Psicofísica, de Mar del Plata, comenzaron a preparar a Mario y a diseñar un plan específico para las 24 horas de la prueba.

Sergio y Mario ya se conocían desde hace tiempo. En 1995 habían estado juntos por primera vez en los Juegos Parapanamericanos de Mar del Plata, en donde Mario logró la medalla de bronce en la prueba de 5.000 metros. Pero para lograr el récord, también necesitaron la preparación mental y por eso se sumó la licenciada Vicente.

"Fue un plan muy estudiado que se cumplió a la perfección. Pensamos hacer un total de 210 kilómetros y nos pasamos por ¡681 metros!", ejemplifica.

En una silla de ruedas de aleación de aluminio de 6 kilos de peso, Mario dio poco más de 511 vueltas a la pista de atletismo del Malvinas en 24 horas.

Marito lo consiguió. "Los obstáculos son esas cosas que ves cuando apartás los ojos de tu meta", resalta.
La discapacidad sólo es una oportunidad. Marito ya es parte de la historia.
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