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viernes 29 de julio de 2016

El día en que los intelectuales fueron reprimidos a bastonazos

La Policía Federal de la dictadura de Juan Carlos Onganía irrumpió en las universidades en 1966. Tras la represión, unos 1.400 docentes, entre ellos algunos mendocinos, debieron dejar el país

"El golpe de Estado de Juan Carlos Onganía y su dictadura fueron considerados el 'laboratorio' donde se expresa por primera vez y más tarde sistemáticamente el aparato represor que se pondría en marcha en 1974 y luego en el golpe de 1976", recalca la historiadora Adriana Micale, para dar un marco de lo que sucedía en el país cuando se concretó la histórica represión universitaria que quedó en la memoria como "La noche de los bastones largos", ocurrida hace hoy 50 años. Esa razzia policial hizo que 1.400 profesores universitarios, entre ellos intelectuales mendocinos, renunciaran y emigraran a países vecinos.

Aquel 29 de julio se había publicado el decreto 16.912, por el cual el gobierno de Onganía anulaba el gobierno tripartito de la universidad y subordinaba al Ministerio de Educación de la Nación a las autoridades –rectores y decanos– de las 8 universidades nacionales. A ellos les daba 48 horas para aceptar su nombramiento como interventores.

La intervención entonces era un secreto a voces, y en las facultades de la Universidad de Buenos Aires, docentes y alumnos estaban decididos a defender la autonomía tomando esas casas de altos estudios.

La represión no tardó demasiado. En medio de la Operación Escarmiento, el grupo de Infantería de la Policía Federal irrumpió en las facultades de Filosofía y Letras, Ingeniería, Arquitectura y, especialmente, de Ciencias Exactas. En esta última, hubo más de 100 heridos y 150 estudiantes detenidos.

"Todas las universidades fueron intervenidas, pero la Universidad Nacional de Cuyo fue una de las tres en que primero se levantó la intervención, porque aquí no había tanta resistencia de profesores y el movimiento estudiantil no era tan fuerte", recuerda el economista y profesor de la UNCuyo Roberto Roitman, que en ese año comenzaba su carrera en la Facultad de Ciencias Económicas.

Para el economista, que en esos años empezaba a militar en el peronismo, la represión "de los bastones largos" fue "un hito científico y político: porque a raíz de esa represión como país perdimos a un sinnúmero de especialistas en ciencias duras y sociales que se exiliaron y a los que costó repatriar; y desde lo político significó correr un velo, porque hasta entonces la universidad era una isla democrática que elegía sus autoridades, y en el país la cosa era distinta, el peronismo por ejemplo estaba proscripto", recordó.

Los intelectuales mendocinos no escaparon a la estampida que provocó el golpe de Onganía y la represión "de los bastones largos". Es más, dos de sus máximas expresiones emigraron en esos años.

"Ese golpe fue un revés para el campo académico, que era parte del progresismo que se gestaba en los '60. Acá por ejemplo, el astrofísico rivadaviense Enrique Gaviola, que fue el creador de la Asociación Física Argentina, del Instituto de Matemática, Astronomía y Física de Córdoba, y del proyecto originario del actual Instituto Balseiro, había egresado como agrimensor de la Universidad de La Plata y se fue a Alemania. Desde allí obtuvo reconocimiento mundial (entre otros de Einstein), y volvió para ejercer en el Balseiro, pero tuvo que hacer sus investigaciones de manera privada. Lo mismo ocurrió con el paceño Enrique Dussel, que es el padre de la filosofía de la liberación y escribió más de 50 libros, quien se naturalizó como mexicano y fue rector de la Universidad Autónoma de México", recordó el historiador Gustavo Capone, hoy director de Educación Superior de la DGE.
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