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domingo 22 de mayo de 2016

El bicherío garpa, tiene prensa, emociona

El Papa advirtió esta semana sobre que hay gente que ama tanto a los animales que termina olvidando el sufrimiento de los humanos

Si el asunto que figura al tope en la agenda política de la Provincia es el Zoológico, lo primero que se nos ocurre decir es: "Estamos jodidos".

Sin embargo, no podemos caer en esa soberbia porque lo que ocurre es que en realidad los temas sociales y políticos tienen vida propia. Y su lógica.

Se trata de una existencia que muchas veces es ajena a la dirección que le quieren dar los funcionarios de turno, e incluso a lo que puedan hacer o dejar de hacer los periodistas.

Lo concreto en esto de los animales es que ahora el bicherío garpa, tiene prensa, emociona.

Locos por los bichos
Hay, en apariencia, más gente preocupada por el estado del oso Arturo que porque el tomógrafo del Hospital Lagomaggiore lleve más de un año sin funcionar.

En esta columna se escribió algo similar hace algún tiempo y el autor fue acusado de desalmado.
Lo del tomógrafo inutilizado parece que no es "carne" para fagocitar en las redes sociales ni para protestar en una manifestación

Algunas personas les han otorgado a perros y gatos un status tan singular que ha llevado a que esta semana el propio papa Francisco haya salido a advertir de que hay quienes aman tanto a los animales que terminan despreciando el sufrimiento de los humanos.

"Hay parejas que prefieren tener gatos en lugar de hijos", pontificó en las últimas horas Francisco.
Lo hizo, claro, desde su ideología, y no olvidemos que en una serie de temas las ideas de la iglesia Católica vienen algo atrasadas.

Larga enfermedad
En realidad, el Zoológico de Mendoza presenta una muerte lenta desde hace dos décadas.

Los investigadores de estos asuntos afirman que los zoológicos son inventos de una época (fines del siglo 19) en la que primaban las ideas positivistas tipo "sólo es cierto lo que podemos observar y tocar".
Por tanto, todo lo que se está escribiendo y diciendo estos días sobre el Zoo no sería otra cosa que un borrador del certificado de defunción del Zoológico de Mendoza.

Yo tengo el poder
En los '90, decíamos, los especialistas ya habían decretado que la exhibición de animales exóticos era un resabio bastante absurdo, de otras épocas.

Oso polares obligados a vivir en climas tropicales. Elefantes y jirafas en sitios con crudos inviernos y nevadas. Hipopótamos y yacarés en piletones tipo Pelopincho. Y una larga lista de contradicciones similares.

Pero nadie aquí se animaba desde la política a dar el primer paso.

Qué será eso
Con el auge que fueron tomando las organizaciones ambientalistas comenzó un debate que aún no termina de definirse en la cocina de la política.

En el haber de los grupos animalistas está el haber instalado esa discusión.

En el debe, en cambio, se cuentan las diversas disputas que hay entre ellos. Hay intrigas y celos como si fueran vedettes.

Por ejemplo, cuando todo indicaba que el futuro del Zoo rumbeaba para el lado de terminar convertido en un ecoparque, ahora ya hay sectores de las ONG que tampoco están convencidos de eso.

Esa idea del ecoparque es algo de muy bonito y rimbombante nombre, pero que casi nadie sabe a ciencia cierta de qué se trata.

Gracias, no se moleste
Entre los efectos colaterales de este culebrón resulta gracioso escuchar, por ejemplo, a ese señor de los sombreros llamado Norberto Filippo, quien supo estar al frente del Zoo durante un corto lapso durante la gobernación de Paco Pérez.

Filippo se ha ofrecido públicamente para salvar el paseo sin cobrar un peso.

Por otro lado, la oposición no quiere tratar en la Legislatura el proyecto del ecoparque.

Por lo menos hasta que se eche luz sobre todo lo que está pasando en el la ladera del Cerro de la Gloria, donde se encuentra el Zoo.

Se refieren a las sucesivas muertes de animales y a los problemas de infraestructura que se multiplican día a día.

Muñeca política, se necesita.
En este sentido, los legisladores peronistas deberían tener cuidado en prender muchos reflectores.
Ocurre que buena parte de la decadencia que hoy ha hecho eclosión se comenzó a alimentar durante las dos últimas gobernaciones del PJ, aunque también aportaron lo suyo los radicales Iglesias y Cobos.
Es cierto además que la dupla que forman Humberto Mingorance, secretario de Ambiente, y Adriana Caram, directora del Zoológico, no ha sido muy exitosa a la hora de explicarles a los mendocinos lo que está pasando en ese hogar de animales y cómo lo está encarando el gobierno de Alfredo Cornejo.

Mingorance dio una conferencia de prensa el viernes pasado al anochecer, donde se anunció que se está trabajando con las intendencias radicales del Gran Mendoza para limpiar, con el apoyo de maquinaria comunal, el paseo que está lleno de estiércol y barro.

Sin embargo, nada les dijo a los periodistas presentes de que el Zoo ya estaba cerrado y que no iba a abrir hasta el 30 de mayo, algo que se supo recién ayer, en coincidencia con su partida a Corea a un encuentro sobre tecnologías verdes.

La prudencia suele aconsejar que si el rancho está a punto de quemarse no es conveniente irse a pasear a la otra punta del mundo.

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