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domingo 14 de agosto de 2016

El aleph macrista ve el universo en las redes

¿En qué se parecen Cristina y Macri? En que quieren comunicarse con los ciudadanos sin intermediarios molestos. ¿Como la prensa?

No deja de sorprender la cantidad de tiempo y de personal que el gobierno de Mauricio Macri dedica al seguimiento de las redes sociales.

Es como si para esta administración en esas redes estuviera el alma del mundo.

O, si se quiere, una especie de aquel aleph que imaginó Borges, un lugar desde el que se puede ver el universo completo.

Macri está convencido de que él llegó a la Casa Rosada en gran medida por las redes sociales.

Otros argentinos son más pedestres y sospechan que Macri está donde está por una contundente lógica de la historia.

Los cruzados
El Presidente y sus asesores informáticos no tienen dudas de que en esos mundos digitales se librarán varias de las batallas actuales y las por venir.

Sin embargo la realidad les suele replicar que, por ahora, parte de esas batallas se siguen desatando en el mundo contante y sonante.

Por ejemplo, en Mar del Plata, donde por estos días grupos ultras los corrieron a piedrazos al Presidente Macri y a la gobernadora bonaerense María Eugenia Vidal, sin que ninguna red social lo hubiera advertido con anticipación.

De la cabeza
En el PRO están obsesionados con comunicarse con los usuarios de Facebook, Instagram, Snapchat o Twitter, es decir en meterse en la casa (o la vida) de los argentinos a través de sus computadoras o sus teléfonos.

Por eso es que, a modo de un Gran Hermano necesitado de contar con hiperinformación, en el Gobierno están abarrotándose de datos de los argentinos.

La big data
Por eso es que están echando mano a cuanta base de datos exista, desde la ANSES hasta la tarjeta de transporte público SUBE, pasando por la AFIP y terminando directamente en la de los registros civiles.

¿Y el derecho a la privacidad al que estamos resguardados por la Constitución?

Bien, gracias.

Para argumentar dicen que quieren mantener con nosotros, los votantes, una especie de "nueva comunicación".

En realidad esa riquísima información les sirve, por ejemplo, para hacer nuevos adeptos, para lograr voluntarios o para juntar fiscales para las elecciones.

Y también para mandar propaganda segmentada por edades, estudios o ocupaciones en Facebook u otros sitios.

Es decir, todo un operativo que tendrían que hacer los partidos políticos, con plata conseguida por esas agrupaciones, y no por los gobiernos con plata de los contribuyentes.

Pemítanme dudar
En con secuencia, todos los gobiernos buscan lo mismo: propagandear a gusto y placer.
Hay que aclarar, no obstante, que ningún gobierno ha llegado a tan altos estándares de propagandeo obsceno como el kirchnerismo.

Nadie dilapidó tantos millones de pesos de los ciudadanos para armar una corporación oficialista de medios de difusión.

Una corporación que no les sirvió para nada, porque casi nadie leía esos diarios, ni escuchaba esas radios o veía esos canales de TV kirchneristas.

La razón fue muy sencilla: a los ciudadanos les gusta que los medios de difusión cumplan un papel de contralor de los gobiernos de turno.

Paradojas
Nunca una denuncia contra la corrupción kirchnerista se conoció a través de Página 12 o de Tiempo Argentino o de C5N.

Fíjese, estimado lector, que C5N ha empezado a tener algo de audiencia ahora. ¿Por qué? Simple, porque critica al gobierno de turno.

Durante una década ese esperpento de la TV Pública llamado 6, 7, 8 se dedicó todas las noches a difamar o a cuestionar a Macri.

Sin embargo Macri fue reelegido jefe de gobierno porteño y luego ungido presidente del país.

Sí y no
En realidad la "institución Gobierno" está facultada y obligada por la Constitución para informar sobre los actos de gestión.

Para que los ciudadanos sepan en qué se gasta la recaudación. O para que nos informemos sobre por qué se entrega una licitación equis a determinada empresa y no a otra.

O para que se planifiquen y difundan campañas de interés público, como pueden ser temas de seguridad, de salud o educación.

Pero no –insistimos– para hacer proselitismo, que es lo que hacen todos los gobiernos por falta de conciencia de la civilidad.

La conexión
Un hilo une a aquella Cristina de Kirchner que pisoteaba la ley y nos enzoquetaba cadenas nacionales de radio y TV todos los días "para dar buenas noticias contra la cadena del desánimo", con estos políticos digitales que creen que toda la verdad está encerrada en las redes.

Ese hilo conductor es el que muestra que esos dos extremos creen que la comunicación del gobierno con los ciudadanos tiene que ser sin intermediarios.

¿Sin la prensa?
Eso, pretender correr del medio a la prensa que es equidistante del poder, para que el mandatario de turno convenza sin voces disonantes ni dudas a los ciudadanos, es, cuanto menos, un asunto preocupante.

Es lo que ya probaron de hacer Cristina, los venezolanos Chávez y Maduro y el ecuatoriano Rafael Correa, entre otros.

Cuando uno se informa de que "el equipo de redes" de la Jefatura de Gabinete de Macri ya está manejando un presupuesto de $163 millones (su plata, lector) no puede menos que empezar a inquietarse.

Ya nos quemamos mucho con leche. Y esto suena a vaca.

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