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miércoles 06 de abril de 2016

Difícil que llegue a Marte

Se pierden más de 3.500 vidas humanas por año, en procura de refugio.

Es tan amplia la brecha entre ciudades postergadas y las mega-metrópolis con desarrollo económico que hace retroceder a tiempos inmemoriales las conductas humanas. Parece una contradicción, sin embargo no es más que una consecuencia.

Los hombres y sus relaciones no tienen nada de novedoso.

Los actuales anacoretas, son deportados con mayor o menor elegancia de París, de Bruselas, de Ámsterdam, expulsados de Londres, corridos de Berlín.

Llegar desde el África hasta esas ciudades huyendo de hambre y guerra no les habilita pasaportes. Ingresan por Italia, la mayoría.

La crueldad de la historia acentúa cualquier padecimiento previsto por la literatura. La odisea contemporánea ha transformado el canto de sirenas embriagadoras en despiadadas pirañas carentes de pudor y encanto.

En el viaje de huida no se les proporciona ni el más elemental chaleco para flotar si caen al mar.

Viajan hacinados, sin alimentos ni agua, sin espacio y pagan importantes cifras para acceder a esas improvisadas naves. Pronto naufragan. La esperanza de que esas ciudades servirán de salvavidas, se ahoga desde los primeros intentos en busca de empleo. Aquellos que sortearon las inclemencias marítimas y las barreras inmigratorias de la Unión Europea, luego sólo encuentran desprecio.

La hostilidad y el rechazo que le propinan los que ya están afincados, sean o no nativos, es la cara más tremenda del miedo convertido en rechazo.

Se terminaron los permisos, los asilos y las excepciones para pobres. Sólo podrán permanecer aquellos que acrediten ingresos anuales superiores a 50 mil euros.

Aunque el regreso los obliga a recorrer las geografías que acunaron la rica historia de la cultura occidental, ese viaje que los traslada desde la empobrecida Atenas hasta la cautivante Estambul, no tiene destino. Esos migrantes temidos y echados: no tienen destino.

Vuelve a crecer el muro y recobra vigencia la frontera que divide civilización y barbarie, aunque se disuelve cualquier seguridad. Ya no se puede distinguir quién es quién y por qué

Los insistentes pronunciamientos del Papa al respecto, las súplicas de minúsculos grupos humanistas y el clamor de las víctimas no han servido siquiera para disminuir los índices de siniestralidad.

Una tragedia cotidiana que el Mediterráneo se cobra sin pagar indemnización. Un drama diario que no conmueve, un poco por la distancia, pero mucho más por los párpados holgazanes de los medios.

Mientras la agencia espacial Europea, junto y gracias al auspicio de la Rocosmos rusa, lanzaron hace unos días su Misión ExoMars, en procura de descubrir vestigios de vida en el planeta rojo, inspirados en el recurrente hallazgo de huellas de agua en el vecino solar, por acá la vida consagrada se deprecia y el agua hace estragos o se desperdicia.

Este emprendimiento exploratorio costó inicialmente 2.500 millones de euros. El proyecto prevé hacer los suficientes estudios como para que la próxima expedición sea tripulada. Hay quienes creen que eso es factible en el corto plazo, yo creo que bajo estas condiciones actuales de la humanidad, el hombre...difícil que llegue a Marte.

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