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domingo 13 de marzo de 2016

Desilusión

En el equipo del Presidente no ocultan su decepción con los sectores que prometieron ayuda y ahora sólo critican

Los ministros de Mauricio Macri no ocultan su desilusión. Cuando se los consulta sobre los achaques que se hacen ellos mismos a su gestión, a tres meses de gobierno, los secretarios de Estado coinciden en que fueron demasiados naif al acrecentar las expectativas depositadas en los sectores que prometieron ayudarlos. "Los empresarios que antes insultaban (no fue ese el verbo usado, para ser francos) a la administración de Cristina ahora se hacen los valientes y critican sin haber aportado un solo mango", confesó en reserva uno de los funcionarios con acceso frecuente al despacho principal de Balcarce 50. Y agregó: "Las liquidaciones de cereales no aparecen, los precios aumentan por si acaso y los llamados telefónicos que tenemos son para pedirnos planes de ayuda tributaria o para que no toquemos a algún amigo nombrado en el Estado que quedó cesante. Dan pena".

Nadie que llega al poder puede ser tachado de ingenuo. Menos si para ello se disputó una elección desde el bando opositor contra el kirchnerismo que no trepidó en usar cualquier medio para quedarse. Sin embargo, estas reacciones que se repiten en varios pasillos de lo edificios gubernamentales nacen de una cuota, al menos, de imprevisión o error de diagnóstico. El PRO quiso repetir el método de gobierno usado en la Capital en donde la proximidad física le permitía suponer que todo era "encuestable o sondeable" a través de estadísticas o focus group. Basta caminar cerca del despacho de Marcos Peña para percibir el aroma indeleble de encuestas para todos y todas: imagen, gestión de gobierno, percepción de hechos y etcéteras interminables.

Quizá sea por eso que empiezan a escucharse críticas al jefe de Gabinete provenientes del mismo centro del oficialismo. "Marcos lo ha entornado demasiado", graficó un viejo dirigente del partido amarillo, para enseguida corregirse con el verbo recordando que ese vocablo tiene una triste mención en la historia democrática argentina. "Pasa que Mauricio confía sus manos al fuego si Peña se lo dice", concluyó.

No cabe duda de que el joven ministro coordinador es un dirigente que descuella por su inteligencia y capacidad partidaria. Su visión de largo alcance le permitió trabajar en todos estos años con la certeza de que su amigo y jefe Mauricio Macri iba a ser presidente. Cuando en 2011 el líder PRO no jugó su candidatura presidencial algunos creyeron que todo se terminaba. Peña no aflojó ni un momento. Su estrategia electoral es indiscutible. ¿Es también así a la hora de ejercer el poder? Porque entendámoslo con todas las letras. Mauricio Macri es el presidente. Marcos Peña el arquitecto del poder.

El escaso tiempo de gestión marca un flanco débil que se hace cada vez más visible con una notoriedad que el fin de la luna de miel gubernamental resaltará. Cambiemos no muestra su preocupación social por lo que acontece en el país. Y eso, en buen aparte, quizás sea achacable a Marcos Peña también. No hay dudas de que la herencia recibida es catastrófica. Los otrora fundamentalistas K que negaban que hubiese inflación, inseguridad o déficit hasta hace 5 minutos, reconocen ahora esos fenómenos. Y sin ponerse colorados. La madre de la inútil medida del cepo cambiario, Mercedes Marcó del Pont, reconoció ese instrumento y dijo que no fue exitosa "del todo" (sic). Está claro que la libertad de expresión garantiza a los periodistas que todo lo que tenga cierta relevancia pública pueda ser mostrado. Quizás deberíamos recordar que a algunos personajes no se les puede poner el micrófono de manera gratuita y sin beneficio de inventario. Del Pont, y tantos y tantos, deberían saber que muchos tenemos cara, pero no lo somos.

Claro, se insiste en el Gobierno que la herencia es mucho peor de la contada. Pero el equipo de Macri debió saber que se presentaba a elecciones en este país y no en Islandia. Para ello, es imprescindible contar con una batería de medidas y gestos veloces que atiendan el malestar social. Que lo hay y notorio, gracias a la subida de precios generalizada y el fantasma de las crisis inflacionarias. Un grupo de radicales le propuso al Presidente convocar a un consejo económico social con empresarios, sindicalistas, dirigentes sociales y políticos para plantear una tregua en materia de precios y condiciones laborales. El viejo diputado de la boina blanca que escribió la idea, todavía espera la respuesta. No sabe que un ministro, de los 6 que gestionan la esfera económica, despreció la iniciativa diciendo que era "muy peronista".

Desde la jefatura de Gabinete se exhiben encuestas, claro, que sostienen que ese malhumor se irá atenuando con el correr de los meses para llegar a un fin de año de estabilidad y de normalización (sic) del estado de cosas. ¿Mientras tanto? ¿Un accionar excepcional del Estado que proteja a los más golpeados? Nada. Habrá que ver el devenir de estos tiempos para saberse si los equivocados son los que claman más mirada coyuntural de la sociedad castigada o si los sondeos de opinión que se acumulan en la Casa de Gobierno tienen razón respecto de que hay paciencia para la nueva gestión.

Lilita y yo: "Mauricio cree que ha consolidado su noviazgo con Elisa Carrió. Lilita dice muchas veces lo que él no puede", explicó un secretario gubernamental a este cronista. La salida del jefe de la Policía Federal vino del empujón final de la legisladora chaqueña cuando le dijo a Alejandro Fantino que el uniformado había ensuciado la escena del departamento de Alberto Nisman. Carrió aparece hoy como la francotiradora sin filtro del gobierno. Así, sigue con sus embates contra el Papa Francisco y desde el Poder Ejecutivo no se la contradice. En realidad, se intenta neutralizar el discurso del Pontífice que llegó a la Argentina de la mano de sus amigos y confidentes explicando que Su Santidad está molesta con el Presidente por su cercanía con la derecha norteamericana, Paul Singer y asociados que proponen guerras en Medio Oriente y Siria cuando el religioso medió por la paz.

Carrió le habría dicho también a Macri que no es lo mejor para los organismos de control del Estado que sus titularidades queden en mano de aliados. Luego del tropiezo de Laura Alonso que cambió radicalmente su posición sobre el secreto de los acuerdos entre YPF y Chevrón, habrá que preguntarse si una militante tan fervorosa del PRO puede controlar al mismo gobierno del PRO. Suena difícil, cuanto menos.

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