A Fondo A Fondo
martes 19 de abril de 2016

Cuentos con historia en los confines del mundo

En la soledad más extrema de la Patagonia Argentina. En el extremo más austral del continente, y en la escasez del siglo XX, los personajes de Sylvia Iparraguirre no pueden menos que definirse por la geografía que los rodea.

En El país del viento, ese protagonista etéreo va forjando no sólo la forma de relacionarse de cada actor sino que se cuela entre sus costillas y lo obliga a decidir si refugiarse y sobrevivir o dejarse llevar por él.

En los 10 relatos del libro aparecen desde la mitología indígena y la mezquindad que caracterizó a los buscadores de oro del siglo pasado hasta el enfrentamiento entre un efectivo de Prefectura y un convicto de la cárcel que supo estar en la isla de los Estados, uno de los lugares más inhóspitos de Tierra del Fuego, para luego ser trasladada a Ushuaia, pasando por los vaivenes de un pueblo neuquino de 1995.

Cada cuento de este libro –comenzó a escribirse como una continuidad de La tierra del Fuego allá por el 2001– tiene un marco real, un suceso histórico, mayor o menor, que dispara el hecho de ficción que es el cuento. En ellos conviven las aventuras marítimas y es justamente el mar quien parece llevar consigo las voces de Herman Melville, Joseph Conrad, Jack London y Mark Twain, que se dejan oír de lejos.

"Un rato largo lo pasó mirando el mar. Observaba al preso y volvía a mirar el mar, como el que mide los pros y contras de una decisión. Al fin, sacó el cuchillo de la vaina y se acercó despacio. Lo tocó para que alzara las manos e hizo el gesto de cortarle la soga. (...) Con la mano le dijo que se podía ir, que lo dejaba en libertad. El otro encogió los hombros y, sonriendo apenas, negó con la cabeza. 'Es cierto', pensó Novello, 'a dónde podría ir, en dos días estaría muerto', y como una consecuencia natural e inmediata de esto pensó: 'Y yo también si estuviera solo'. (...) Saliendo del aturdimiento en que lo había sumido el saberse abandonado en la isla, vio por primera vez con claridad algo que el preso, seguramente, sabía desde el principio: que estaban vivos porque eran dos; que en ese páramo de hielo un hombre solo no hubiera tenido posibilidad alguna, y que si el preso lo había acechado era porque había querido sobrevivir", describe en La Tormenta, un cuento anclado en 1902, en donde lo agreste de la Patagonia y la soledad son tan protagonistas como un soldado de 19 años de Prefectura y un reo que quiso escapar del presidio.

Iparraguirre nos muestra el transcurrir del tiempo entre la mitad del siglo XIX hasta la actualidad, mientras que el remoto territorio patagónico aparece intacto, como dispuesto a ser el continente que no es mero escenario, sino que toma la palabra, y al parecer siempre guarda la última bajo la manga.
Fuente:

Más Leídas