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domingo 06 de agosto de 2017

Crecer sin empleo, una salida peligrosa

En la Argentina no ha crecido el empleo privado formal en los últimos 5 años y si realmente aspiramos a que nuestra economía crezca con empleo, habrá que agudizar el ingenio y buscar mecanismos para incentivar la contratación de trabajadores.

La llegada del siglo XXI ha empezado a demostrarnos que las economías de los países pueden crecer sin empleo, merced a la inusitada velocidad de los cambios tecnológicos y a la robotización.
Frente a esta realidad, no se puede desconocer que la mejor defensa de un trabajador ya no pasa por una legislación laboral inflexible y meramente protectora de las fuentes de trabajo, sino por su permanente capacitación profesional, por su capacidad para adaptarse a los cambios y por normas que estimulen su contratación.

La recuperación económica tiene dos aspectos: uno es el crecimiento y cómo se distribuye entre la población y por regiones y el otro es el empleo. "Nos vamos a tener que acostumbrar a pensar en la posibilidad de tener crecimiento sin empleo. Es decir que el desafío es crecer con empleo", expresó el economista Eduardo Levy Yeyati, que hoy forma parte del directorio del BICE, el Banco de Inversión y Comercio Exterior.

Para Levy Yeyati, la economía terminará creciendo cerca del 3% este año y eso dará un buen impulso para el año que viene. "Ya no estamos contando brotes verdes, estamos creciendo y era lo esperable", resaltó.

Al mismo tiempo, enfatizó que el efecto arrastre permitirá "salir del ciclo bianual (NdR: el PIB sube un año y cae al siguiente) en el que estamos desde hace 6 o 7 años y eso empujará las inversiones. Es una muy buena señal con vistas a los próximos 10 años".

Pero, aclara Levy Yeyati, el crecimento del PIB resuelve uno de los problemas pero no el del empleo ni de la distribución del ingreso. "Hoy la economía y el empleo no crecen al mismo ritmo", sintetizó.

No obstante, asegura que el salario real terminará siendo positivo este año ya que la inflación bajará , aunque no todo lo que se esperaba. "Estará ligeramente por arriba de 20%", estimó.

Hablando de empleo, ¿y Brasil?
El hecho de que el Parlamento brasileño haya aprobado recientemente una revolucionaria reforma de la legislación del trabajo no puede ni debe pasar inadvertido para la dirigencia argentina.

En un contexto internacional cada vez más competitivo, donde los países luchan permanentemente por la captación de inversores externos, el paso dado por Brasil sólo puede interpretarse como el producto de una firme voluntad para sacar el país de la crisis en la que se halla inmerso, cristalizada en una clara señal al mundo.

No hay que engañarse. Es esa misma señal que acaba de dar el Poder Legislativo brasileño la que no pocos potenciales inversores, tanto extranjeros como locales, esperan hoy de las autoridades argentinas. Lo tiene claro el presidente Mauricio Macri, quien más de una vez se ha referido a lo elevado de los costos laborales no salariales, a ciertos privilegios sindicales que no hacen más que encarecer las contrataciones de trabajadores y a intereses mafiosos que vienen actuando sobre la justicia laboral y alimentando una vil industria del juicio. Lo tiene claro el primer mandatario argentino, pero por algunas razones no ha querido o no ha podido instrumentar las soluciones requeridas.
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