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viernes 15 de julio de 2016

Corazón de tiza, pero digital

Aunque tiene rotunda vigencia inclusive en la actualidad política de nuestro país, para otorgarle un lugar en el podio de los grandes pensadores, debieron pasar varios años para que reconocieran el enorme aporte al pensamiento que produjo Spinoza.

Ocurre que disputaba cartel e ideas con René Descartes, fundador de la geometría analítica y -como sabemos- autor del axioma más potente del racionalismo: pienso, luego existo. Competir con alguien ya consagrado suele no ser un negocio redondo.

Ambos han sido designados padres de la filosofía moderna. Algo que puede erosionar el prestigio de la filosofía, porque tener dos padres no es una calificación que halague a ninguno.

El rescate que se hizo de esta figura fue posible gracias a los elogios proferidos por el gran poeta alemán, autor del Fausto, Goethe, y merced a las posteriores escuelas germanas del pensamiento, como las de Hegel y Schelling. De otra manera hubiese formado parte del ejército de ignorados por la historia.

Uno de sus postulados, tal vez el más atrevido en su época puede resultar hoy acaso una anécdota intrascendente. Decía Spinoza que los valores son creaciones humanas, por lo cual carecen de estatus eterno y son tan arbitrarios como la sociedad decida. Concepto que en Argentina no sólo celebramos sino que ejercemos con fruición.

Esa alteración puede leerse de dos maneras bien diferentes. Para los pesimistas y conservadores será corrupción, para otros, evolución.

Entre esos valores que se modifican o descartan, hay uno que preserva su condición, nadie discute y permanece indemne : la educación.

Esa mácula impenetrable que posee la educación tiene aspectos demagógicos pero también datos, asuntos y acciones bien concretas. Y positivas. Claro que sí.

Por más que sigamos incentivando el desamor para con nosotros mismos, en Argentina durante los últimos 30 años, se ha avanzado muchísimo y pese a los muchos defectos y carencias, el acceso a la educación es notoriamente superior al que se suele publicar.

Números y letras. En 1960 había 160 mil estudiantes universitarios; en 2010 un millón setecientos mil. De esa cantidad de alumnos, el 80% concurre a las estatales.

Las metas impuestas, como fue la asignación presupuestaria del 6% y los índices de escolaridad y alfabetización, denotan que a pesar de estar lejos de las aspiraciones declamadas, estamos en un camino esperanzador.

Y en la actual gestión, desde Purmamarca, con el compromiso de todos los gobernadores, se proclamó un pacto para mejorar las condiciones educativas, llegar a las más de 40 mil escuelas del país con tecnología y conectividad, y crear la escolaridad obligatoria a partir de los 3 años.

Con el disenso indispensable para estimular la política y el pensamiento, poner al desarrollo del conocimiento en primera escena es alentador.

También en la "educación" es necesario que la cantidad y la calidad se den la mano.

Los cambios de valores según la época y la sociedad que la interpreta, deja espacio para que rescatemos sin fiebre nostálgica lo mucho y muy bueno que se ha realizado en materia educativa desde Sarmiento y antes, hasta acá.

Un pasado real y un pasado atravesado por mitos, nos permite imaginar un futuro que beba de sus raíces.

La palabra escuela tiene una historia que bien vale recuperar. Escuela es el lugar de ocio, en el que se instruye no para cuestiones banales, sino para elevarse, para adquirir ese conocimiento profundo y no utilitario

Educar es sacar de la ignorancia y proveer de herramientas para que el sujeto pueda desarrollarse.

Y autoridad, término que está tan mal tratado como devaluado, no es imposición ni manipulación, sino al contrario, es aquél que sabe guiar para que el otro pueda aumentar sus capacidades, sus conocimientos y pueda disfrutar en libertad.


ESCOLIOSIS DIA LUNES 180716.mp3


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