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domingo 19 de junio de 2016

Competitividad: ¿y si la tomamos en serio?

El desafío es para el sector agrícola e industrial, tras la eliminación de las retenciones y la apertura de las exportaciones

El dólar a $13,75 se está presentando para muchas actividades del agro más bajo de lo que desearían. Esta semana los bancos estatales salieron a comprar para ponerle un piso a la caída de la divisa y absorber los dólares que ingresaron la exportación y el sector financiero. Para colmo, desde que se liberó el cepo y el Gobierno puso el foco en capturar toda la inversión extranjera que se pueda, el dólar dejó de ser un bien escaso.

Muchos empresarios piensan que hay más motivos para que se siga retrasando frente a la inflación. El escenario inquieta a varios, comenzando por los que desarrollan su actividad en las economías regionales, y están dentro de los productos exportables. Se intuye que no habrá en el futuro una ambulancia repartiendo subsidios y ayudas a manos llenas para solucionar los problemas.

"Con un gobierno que enfrenta un déficit primario de 4,8% del PBI para este año y que está más decidido a achicarlo que a seguir agrandándolo, no creo que haya mucho lugar para subsidiar actividades productivas", razonaba un empresario con acceso a la Casa Rosada.

La "mamá Estado" que auxilia, o que hacía campaña diciendo que auxiliaba, fue remplazada por un "papá Estado" que eliminó las retenciones y abrió las exportaciones para aumentar la producción y que cada cual salga al mundo a competir a suerte y verdad. Para que esta apuesta tenga éxito, el Gobierno salió a nivelar todas las canchas del mundo donde se juegue el comercio agroalimentario.

Con un tipo de cambio bajo que no facilitará los negocios la salida que se presenta es la de siempre: ganar competitividad. Esta vez bien valdría la pena enfrentar el desafío en serio, sin atajos que a la larga nos dejan en el mismo lugar de inicio.

No todo es dólar, señores

La Argentina no sólo figura en los últimos puestos del ranking de competitividad global, sino que también se ubica en el puesto 25 –penúltimo– en el de competitividad de costos de manufacturas. Eso revela que el costo por producto del país es de los más altos del mundo, lo que hace menos competitiva a la industria, según surge del nuevo Ranking de Competitividad de Costos realizado y difundido por la consultora Abeceb.

"El estudio expone los enormes desafíos que nos esperan a mediano plazo dado que, por nuestras características estructurales y conceptuales, no es socialmente viable plantear en el sector de manufacturas una estrategia de incremento de competitividad mediante la reducción relevante de los costos salariales, sino que debe lograrse mediante un incremento significativo de la productividad laboral", aseguró Alberto Schuster, director de la Unidad de Competitividad de la firma.

Según afirmó Schuster, "no basta con tener bajos costos laborales para obtener una ventaja de competitividad en la producción de manufacturas en un mundo globalizado. Por similitud entre las estructuras productivas manufactureras, Argentina tendrá que disputar el futuro de su industria en el mundo con los países emergentes industrializados, y la preocupación actual no es tanto que Argentina tenga altos costos laborales, sino que tiene una productividad demasiado baja como para sostenerlos", explicó.

"Argentina tiene un bajo nivel tanto de competitividad estructural como de competitividad de costos en el sector industrial, lo que nos tiene que llevar a un replanteo respecto de en qué sectores o en qué nichos sectoriales podemos ser competitivos", precisó Schuster.

Se da, por ejemplo, en el caso de la energía. "El país enfrenta un problema energético severo utilizando más energía de la que necesitaríamos si tuviéramos procesos eficientes. El desafío en el corto plazo es resolver la demanda a través de la eficiencia energética. Este foro está orientado a presentar una herramienta para hacer estudios de eficiencia energética y posteriormente financiar las inversiones que hagan falta para hacer eficientes todos los procesos industriales en la provincia", destacó Emilio Guiñazú, subsecretario de Energía local.

El problema es que a la Argentina le falta productividad y esto está vinculado con la tecnología, la eficiencia, la burocracia, la falta de inserción en el mundo, de productividad de la mano de obra. Esa es la enfermedad que hay que curar para que el desarrollo no tenga idas y vueltas. Y debe haber una productividad sustentable y que incluya socialmente. Para el empresario, sumar innovaciones a los procesos de producción será una de las claves para un mayor desarrollo del sector agrícola en general.

El país debe preocuparse por ganar una mayor competitividad. La Argentina debe producir más con más tecnología y depender menos del tipo de cambio y de los precios internacionales de sus productos

Algunos analistas creen que el cambio de políticas hará que fácilmente aumente la producción, y el gran desafío que planteó la nueva gestión es el de transformarse y vender productos más elaborados, con diseño, creatividad, con marca, para dar más trabajo de calidad a todos los argentinos.

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