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domingo 21 de agosto de 2016

Cómo vivir sin culpa

Bernardo Stamateas
bernardoresponde@gmail.com


La culpa es una de las emociones más destructivas que existen, pues nos conduce a autoboicotearnos y autocastigarnos sin piedad, aun sin que nos demos cuenta de lo que estamos haciendo.

Quisiera compartir aquí algunas de las características de la persona que vive con culpa para ayudarte a reconocer si esa emoción tiene lugar en tu vida.

Quien vive con culpa buscará ser lastimado.

Es el caso de la mujer o el hombre que se involucra en una relación donde existe el maltrato, ya sea de pareja, en un trabajo con un jefe autoritario, o en una amistad donde hay manipulación.

La persona –como inconscientemente busca sufrir– siempre termina relacionándose con la misma clase de gente que le hace mal. Todo aquel que sienta que no tiene valor sin darse cuenta buscará que los demás lo traten de manera que le refuercen esa creencia.

Quien vive con culpa se hace daño a sí mismo.

Se trata de aquel que se castiga a sí mismo, no precisa que nadie le pegue o le grite. Sus pensamientos suelen ser: "¿Cómo pude haber dicho lo que dije?"; "soy un verdadero tonto"; "¿por qué lo hice así, si podría haberlo hecho mucho mejor?".

Hace uso y abuso de la autocrítica, la cual es la consecuencia de las culpas incorporadas y reprimidas que se convierten en una voz interior condenatoria que nunca cesa.

Quien vive con culpa lastima a otros.

Las crisis son una parte inevitable de la vida pero lo importante es dejar de lado la culpa, sobre todo aquella que proviene de la familia de origen.

El culpable por lo general siempre buscará el dolor: lastimarse así mismo, que alguien lo lastime o lastimar a los demás. En realidad, detrás de la culpa se esconde el orgullo que hace que la persona revise su pasado con el objetivo de manejar su vida.

¿Cómo librarnos de la culpa tóxica?

Si anhelás cumplir todos los sueños que tenés por delante necesitarás hacer el esfuerzo por dejar atrás toda culpa que cargues en tu interior.

No naciste para el dolor y el sufrimiento, aprendamos a disfrutar de todo lo bueno que la vida tiene para ofrecernos.

Tu función no es lastimarte ni lastimar a nadie, sino hallar las herramientas para sanar toda herida interior y caminar rumbo a tus metas cumplidas.

Te comparto tres ideas prácticas para soltar la culpa que tanto nos daña:
Si te equivocás, simplemente pedí perdón y seguí adelante.

Frente al error, no te torturés ni te detengás. Pedile perdón a la persona que fue lastimada con toda sinceridad una vez (no es necesario hacerlo mil veces). Cuando nos equivocamos, tenemos que resolverlo rápidamente, sin echarnos culpas todo el tiempo. Y una vez que lo hicimos, intentar no repetir el mismo error para continuar en pos de nuestros objetivos.

Si te equivocás, repará el daño producido.

Siempre que sea posible, debemos buscar reparar el daño producido. ¿De qué manera?
Transformando lo negativo en positivo. Por ejemplo, si maltrataste a alguien a través de un mail, enviale otro disculpándote y diciéndole cosas buenas que encuentres en esa persona. En eso consiste reparar un error.

Si te equivocás, poné la culpa en palabras.

Jamás deberíamos cargar con la culpa a nadie, y mucho menos si se trata de nuestros hijos. Más bien tenemos que liberar a los demás de toda culpa. Y si algo te hace sentir mal, decilo abiertamente, con respeto pero de manera firme. Porque la culpa suele trabajar en soledad y en silencio.

No culpés a los demás, ni permitás que nadie te culpe a vos. Naciste para disfrutar la vida, alcanzar tus metas y tener bienestar. ¡No te conformes con menos!
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