A Fondo A Fondo
domingo 27 de marzo de 2016

Como antes a los pibes, hay que tenerlos cortitos

¿Cómo viene la mano con Macri y con Cornejo ahora que la luna de miel de 3 meses ha concluido?¿El poder les quitará aire fresco?

Cuando un presidente saca más del 50% de los votos es el momento de aceitar los controles sobre él. Por su bien y por el del país. Lo mismo corre para un gobernador o un intendente.

Es un porcentaje peligroso. Ocurre que es común que los gobernantes que logran tal apoyo popular entiendan al revés el mensaje de las urnas. Se les sube el copete y empiezan a hacer macanas antidemocráticas.

Es como si nos dijeran: me han dado carta blanca para que yo haga lo que quiera.

Es al vesre

El caso más recordado de esa equivocación se dio cuando, en 2011, para celebrar su contundente reelección presidencial por el 54% de los sufragios, Cristina Fernández de Kirchner lanzó a sus militantes aquella frase de guerra sintetizada en cuatro palabras terribles: "Ahora vamos por todo".

En realidad todo el que obtenga más del 50% de los votos debería decir lo contrario. Y como en un mantra, repetir algo así como: tengo ahora el doble de responsabilidad, debo ser muy criterioso, no debo gastar más de los fondos que me han confiado los contribuyentes, y no le debo dejar a mi sucesor la casa llena de deudas y de desorden.

Uno y otro

Veamos en ese sentido, cómo viene la mano con Macri y con Cornejo.

El Presidente ganó en segunda vuelta con el 52% de los votos. Es una cifra importante pero que queda menguada al obtenerse en un balotaje, instancia en la que al haber sólo dos contendientes, es lógico que se generen esos guarismos.

Daniel Scioli, el otro postulante presidencial, quedó muy cerca, a poco menos de 3 puntos de diferencia de Macri.

En el caso de Cornejo, su triunfo fue con el 46% de los sufragios sobre el peronista Adolfo Bermejo, al que le sacó más de 8 puntos de ventaja.

Cancha marcada

Dicho esto, es apasionante observar para dónde van con sus gestiones el Presidente y el Gobernador, sobre todo a partir de que ya se terminó la luna de miel de tres meses que la sociedad les suele otorgar a los nuevos funcionarios para que se "asienten".

En el caso de Cornejo, sus tres primeros meses han sido un continuado ejercicio para dejarnos en claro, por un lado, el descalabro de gestión que le traspasó Francisco Pérez, y por el otro, para que sepamos que su idea de lo estatal está en la vereda opuesta al dispendio de los dos últimos gobernadores peronistas (Jaque y Paco) e incluso a la del radical Cobos.

Se han revisado contratos y designaciones hechas a las apuradas y de prepo por Pérez y se les han dado de baja. También se han hecho caer las mayores dedicaciones y otros ítems vinculados a las horas extras hasta que se pueda comprobar quiénes efectivamente las cumplían y quiénes los utilizaban como un premio dado por el político amigo (con plata ajena).

En esto quizás estén pagando justos por pecadores pero era necesario barajar y dar de nuevo a fin de frenar una de las tantas "industrias" apañadas por el Estado bobo.

Se cae el helicóptero

Macri ha utilizado estos tres meses primero que nada para que nos quede claro que él no es De la Rúa, con lo cual ha desvirtuado la idea lanzada por el kirchnerismo de que en un año el ex titular de Boca se iba a estar yendo en helicóptero desde la Rosada y de noche.

Ha tomado decisiones todos los días, desde levantar el cepo cambiario hasta arreglar con los fondos buitre para salir del default.

Se ha equivocado y ha acertado, pero ha logrado generar una sensación –así lo dicen las encuestas– de que el país ha tomado otro rumbo, más cercano a la normalidad democrático de los países que crecen que a la conflictividad de los gobiernos populistas que viven soñando relatos épicos con escaso basamento en la realidad.

No hay manteca para el techo

En el caso de Mendoza, Cornejo viene generando (más allá de que nos caiga soberbio o poco simpático) el concepto de que la Provincia tiene un conductor que no comulga con el despilfarro.

Es uno de los pocos gobernadores que en los últimos años ha dicho: yo tengo la obligación de trabajar por el bienestar general. No le puedo dar un aumento supergeneroso a los docentes si después pagar esos sueldos me va significar no tener gasas para los hospitales, ni tizas para las escuelas, ni chalecos antibalas para los policías.

Con su estilo ha interpelado también a los contribuyentes, que son los que pagan en realidad a los estatales, y les ha transmitido, quizá de manera inconsciente, una idea interesante.

Se trata de entender que si en la sociedad hubiese más ejercicio de civilidad, las paritarias, por ejemplo, no deberían sólo una contienda de fuerzas entre el Gobierno y los gremios que representan a los trabajadores estatales, sino que los ciudadanos también deberían ejercer un lobby más efectivo sobre los agentes que ganan un sueldo que se obtiene de sus impuestos.

Por ejemplo, por qué al tratarse el tema de los paros en las escuelas públicas los padres de los alumnos son siempre convidados de piedra.

Aflojate, man

Lo otro que se vive en el país es un bienvenido descenso de la tensión política. Ya no nos retan desde el poder ni nos amenazan con mandarnos la AFIP si pensamos feo.

Podemos ver fútbol sin que nos trafiquen burdas propaganda política, ya no hay un 6,7,8 para que la militancia esclarecida y rentada fustigue día tras día a los políticos de la oposición (como hicieron durante 12 años con Macri, con resultado absolutamente inverso al buscado), y ya no tenemos que soportar las autorreferenciales cadenas presidenciales que nos obligaban a escuchar hasta en los supermercados.

El poder ya no comete la torpeza de amedrentar de palabra y obra a los medios de prensa independientes ni hay intención en el Gobierno de crear un monopolio de medios oficialistas como el que armó Cristina con empresarios supuestamente nacionales y populares .

Esos medios hiperoficialistas que fueron sostenidos desde la Rosada de manera artificial con los fondos de todos los ciudadanos, hoy están implosionando y dejándole una crisis social al actual gobierno.

Ya no hay pauta oficial para sostener medios que no ve ni escucha ni lee casi nadie.

Es raro, pero cuando hoy se escuchan críticas contra los despidos de ñoquis y de amigos del poder, nada se dice de los cientos de despidos que se viven en la "corpo" de medios oficialistas que tenían por objetivo contar buenas noticias y jamás cuestionar al poder.

Hijos del rigor

Pero ojo, hay que estar atentos. Tanto Macri como Cornejo pueden con el correr de los meses obnubilarse con el ejercicio del poder, que es narcotizante y, en muchos casos, estupidizante, y volver a caer en las trastadas. Para que eso no ocurra hay que controlarlos. Hay que marcarles errores. Hay que preguntar. Hay que obligarlos a abrir ventanas. Y tenerlos cortitos, como antes nos tenían a los pibes.

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