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martes 19 de abril de 2016

Asesinan a Trinidad y la pesadilla cíclica vuelve a empezar

El instante se congela. La vista, en el noticiero; el oído, pegado a la radio o la mano en el clic que te lleva directo al horror. Te invade una mezcla de incredulidad y espanto. Y con retardo, pero incontenible, llegará también la furia.

Han asesinado a Trinidad con ensañamiento y alevosía. Han quemado su cuerpo para desintegrar las pruebas.

Han sumado una más, aunque como sociedad vengamos reclamando "Ni una menos".

Su madre se pregunta entre lágrimas qué le hicieron antes de morir. La imposibilidad de darle una respuesta será para siempre una carga colectiva.

Cada ciertos meses, Mendoza nos sacude con la peor noticia. Han violentado a un niño o a una niña y le han truncado el futuro.

Algunas víctimas murieron a manos de sus propios padres, madres o padrastros; otros desaparecieron en fincas rurales o en barrios de ciudad, o cayeron tras recibir balas que no los tenían originalmente como blanco.

En muchos de esos hechos hubo, además, un Estado cómplice o una Justicia lenta.

Yoryi Godoy, Brian Irusta, Micaela Tati, Belén Amitrano, Luciana Rodríguez, Johana Chacón.

Ahora la lista le hace lugar a una nueva historia, la de Melanie Trinidad Rodríguez, de 8 años, quien no alcanzó a tomar el micro que la llevaría a su escuela.

Son tres los sospechosos de haberla secuestrado primero y matado después.

Los investigadores intuyen que, como parte de la agonía, la niña pudo ser abusada sexualmente.
Un femicidio salvaje, fuera del alcance de la razón y la pulsión humanas.

Los detalles del hallazgo de sus restos por parte de un hermano de 18 años; el dolor de los miembros de su humilde familia, que viven al final del maldito callejón; el relato de sus maestros contando que era una alumna que se esforzaba para cumplir con sus tareas y la confirmación de que uno de los detenidos tenía antecedentes por el intento de abuso de otro menor de 10 años completan el dramático cuadro.

La foto de Trinidad reproducida en los medios de todo el país le vuelve a poner rostro a una sociedad violenta. No es una apreciación personal. Es el dato que arrojan las estadísticas sobre la problemática, que desde hace años vienen en aumento.

En la Suprema Corte de Justicia local trabaja un equipo interdisciplinario que recibe unas 6 denuncias por día de abuso sexual infantil; también tienen cada vez más trabajo en el 102, la línea en la que se recibe todo tipo de alertas sobre casos de maltrato (físicos, sexuales y/o psicológicos). En tanto, en la Fiscalía de Delitos Complejos se siguen tramitando causas por pornografía infanto-juvenil que se distribuye vía internet desde computadoras instaladas en nuestros límites provinciales.

No alcanzo a cerrar esta columna y otro segundo se paraliza. Ha muerto en Godoy Cruz Kevin Lucero, un bebé de 5 meses que presentaba hematomas en distintas partes de su cuerpo y un claro estado de abandono. Han imputado a su padre, de 17 años, y a su madre, de 20.
Otro nombre y otro rostro para esta especie de pesadilla cíclica que se empecina en volver a empezar.
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