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domingo 16 de abril de 2017

Argentina e inflación son sinónimos

Con el objetivo de bajar la inflación, el Banco Central decidió subir la tasa. Esto desencadenó una serie de malas interpretaciones

La inflación no cede. A pesar de las medidas monetarias y fiscales, el índice de precios preocupa no sólo a los consumidores, sino también al Gobierno. Por el ajuste en los servicios públicos, los alimentos y la ropa, los precios aumentaron 2,4% en marzo, por arriba de lo esperado por el mercado.

Pese a que el Banco Central insiste en que logrará cumplir con su meta de inflación de este año, de entre 12% y 17%, los números del primer trimestre generan dudas.

La entidad demostró que, con tal de torcer las expectativas del mercado -que ya ubican el costo de vida de 2017 en el 21,2% anual- y ajustarse a su objetivo, está dispuesta a subir más la tasa de interés, incluso al precio de poner en riesgo la incipiente recuperación económica que se insinuaba desde fines de 2016. ¿Se alinearán todos los funcionarios del Gobierno con esta estrategia del presidente del BCRA, Federico Sturzenegger? La incógnita se irá develando en las próximas semanas y el tema probablemente vaya ganando en intensidad a medida que se acerquen las elecciones legislativas.
Por los últimos diez años Argentina fue, junto con Venezuela, el país con la mayor destrucción monetaria de la región. Así, pasamos de la recuperación post-crisis a la estanflación en pocos años. Entre 2011 y 2015, los precios se multiplicaron por 3, mientras que el PBI per cápita cayó 3% en términos reales. El "estímulo monetario" no sirvió para nada.

La suba de tasas, sin embargo, generó todo tipo de análisis desacertados sobre su efecto en la economía. A continuación, las falacias más difundidas sobre este tema, según un estudio realizado por el economista Iván Carrino, del sitio Contraeconomía

Falacia #1: Si la tasa alta no bajó la inflación, subirla más no lo logrará tampoco
Tiempo antes de la decisión de subir las tasas de interés, un periodista en un programa de radio hacía la siguiente pregunta: "¿Cómo es posible que, si esta tasa de interés no logró bajar la inflación, una tasa de interés todavía más alta, logre hacerlo?". La respuesta que el periodista obtuvo del experto consultado fue que esa era una duda razonable.

El razonamiento es realmente absurdo. En primer lugar, porque la política de metas de inflación ya dio resultados positivos. Por ejemplo, durante el segundo semestre de 2016 la inflación fue la más baja en 8 años. ¿Dónde está el fracaso de subir la tasa?

Falacia #2: El impacto de las tarifas en la inflación demuestra que el problema no se arregla sólo con política monetaria.
La afirmación es completamente falsa. Es que la suba de tarifas no refuta, sino que refuerza, la teoría monetaria de la inflación. Entre 2002 y 2015, la cantidad de dinero en circulación se multiplicó por 22, mientras que los servicios públicos tuvieron sus precios casi congelados. Esto hizo que la enorme inflación en la cantidad de dinero no pudiera reflejarse en un mayor precio para estos servicios, pero de manera transitoria. Una vez que el Gobierno decidió destapar la olla (gradualmente), el efecto de la expansión monetaria apareció en los precios atrasados. La suba de tarifas es una muestra más de la relación directa entre exceso de pesos e inflación.

Falacia #3: Es deseable bajar la inflación, pero no al costo de la recesión. Otra de las ideas falsas que circulan en torno de la nueva política monetaria del Banco Central es que la baja de la inflación se hace a costa de la recesión. Nuevo error.

La inflación es un impuesto que cobra el Estado sin pasar por el debate legislativo. Y nadie que crea que tener menos impuestos es bueno para el crecimiento económico puede afirmar, al mismo tiempo, que bajar el impuesto inflacionario es recesivo para la economía. Para crecer de manera sostenida. Lo malo no es bajar la inflación, sino tenerla.

Falacia #4: La alta tasa de interés perjudicará la actividad económica
En este caso, el razonamiento es el siguiente: si un banco me paga, digamos, una tasa del 20% anual, me conviene dejar el dinero allí en lugar de realizar una inversión productiva. Así, una tasa alta conspira contra la producción.

Hay numerosas fallas en este razonamiento. La primera es que la tasa de interés es resultado de la oferta y demanda de ahorro. Si el ahorro es bajo, la tasa es alta, sin importar lo que diga el Banco Central. No se puede imprimir felicidad, y el proceso productivo exige ahorro, para que luego éste pueda transformarse en crédito productivo.

Por otro lado, es discutible que la tasa sea alta. La tasa no es alta, sino que busca ser positiva para fomentar el ahorro. Y eso no es perjudicial para la actividad económica, sino su principal aliada en el mediano y largo plazo.

Conclusión: los bancos centrales no pueden imprimir felicidad ni crecimiento económico. Sin embargo, sí pueden crear inflación y, con ella, destruir la economía. Que el Banco Central hoy tenga como único objetivo la baja de la inflación es un dato para celebrar.
Si tiene éxito, la economía argentina se lo va agradecer.
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