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domingo 16 de octubre de 2016

Alfredo Cornejo está cada día más cornejista

El gobernador escapa de los parámetros del radical de vidriera. Entre aciertos y pifias se asienta con un toque cuasi peronista

Alfredo Cornejo está cada vez menos radical. Y más cornejista. Nada que ver con la idea del político radical de vidriera, esto es apegado a las formas, al diálogo diplomático, a las negociaciones pacientes, a la trenza comiteril.

Por un lado Cornejo parece kirchnerista, sobre todo cuando insiste en hacer las cosas de huevo. A cómo dé lugar.

Es como si nos cantara una nueva versión de A mi manera pero bajo la idea de que "al que no le guste que espere al 2019".

No llega, claro, al desembozado y extremista "vamos por todo" del cristinismo. Pero sí al más compadrito de "aquí las cosas se hacen como yo digo".

Por otro lado Cornejo se asemeja a un peronista más clásico, en el sentido de que lo más importante en la vida es acceder, ejercer y retener el poder.

Nada de aquellos radicales que prefieren el consenso, que dudan, que miden riesgos, que consultan, que le temen al peronismo, y que prefieren quedarse en la Legislatura o en la intendencia.

El desparramo
Para llevar a cabo ese papel de malo tiene a su favor que en Mendoza el peronismo continúa en pleno proceso de desorientación ideológica. Y sin ningún líder a la vista, algo que para los peronistas es como un desperfecto genético.

Los gobiernos peronistas de Celso Jaque y de Francisco Pérez fueron de una inquietante pobreza de gestión.

Y de una vergonzosa sujeción a los dictados de Cristina Fernández, un insoportable "le pertenezco" que, para colmo, en nada benefició a Mendoza.

Además, los demócratas ya no existen como tal, ya no hay un Partido Demócrata provincial que tenga peso político en la Legislatura sino que estamos ante un pobre remedo de aquel partido "de los gansos", que si aún tiene algún esbozo de subsistencia es por haberse subido a tiempo al tren del macrismo.

Permítame preguntar
¿Qué tiene Cornejo hasta ahora a su favor para que siga –con su módico porte– copando la parada?
Simple. Ha gobernado. Y viene dejando marca. A su manera compadrita, claro (ya retomaremos ese aspecto más adelante).

Sin embargo ¿quién puede negar que en 10 meses ha ordenado una provincia que había quedado desquiciada financieramente por Pérez?

Los estatales cobran el último día hábil del mes y los proveedores del Estado ya han percibido buena parte del pagadiós que les había ensoquetado Paco.

La Provincia está cancelando su deuda externa e interna, y no hay ninguna fiebre por conchabar tropa propia en el Estado.

Por el contrario, en pocos meses ha bajado el número de estatales por un proceso de jubilación en tiempo y forma para el personal con los años cumplidos en la función pública.

A ver, pegame
Además Cornejo ha tenido la habilidad política de meterse con varios de los vicios que venían infectando la actividad del Estado.

Por ejemplo, ha parado el avance de los gremios estatales sobre decisiones que son propias de las autoridades políticas elegidas por el pueblo.

Durante las negociaciones paritarias de las gestiones de Jaque y Pérez hubo una creciente embestida sindical que siempre terminaba en las arcas del Estado afectadas por aceptar las condiciones que le imponían los sindicatos, algunas de ellas descabelladas.

Eran las épocas en que Raquel Blas insultaba a los funcionarios, que les rompía papeles en la cabeza y que los amenazaba con cachetearlos.

¿Alguien puede imaginar hoy a algún sucedáneo de Raquel Blas queriendo cachetear a Cornejo o al grandote Kerchner o diciéndoles hijos de su madre?

Ni hablar de otros vicios que ya eran costumbre inveterada en el Estado, como la de faltar al trabajo por cualquier motivo, total allí nadie controlaba, porque los Estados bobos no controlan bien.

Por ejemplo, para bajar las ausencias de docentes hubo que ofrecerles un plus salarial a quienes no faltaran. Y como por arte de magia bajaron los índices de inasistencias.

Otro aspecto a destacar es que la sociedad de Cornejo con Macri en Cambiemos se maneja dentro de parámetros de dignidad política. El gobernador ha dejado de ser un títere de la Casa Rosada.

En eso Cornejo ha retomado una tradición mendocina de respetar pero no subordinarse al poder de la Nación.

Mire, aflójese
¿Qué debería revisar Cornejo?

Por ejemplo, tendría que ser un poco más político (digo: menos rígido) en su batalla contra el Poder Judicial tendiente a frenar el excesivo garantismo a favor de la delincuentes.

Y debería sofrenar ese ímpetu de querer imponer de prepo a funcionarios de su agrado en el Ministerio Público Fiscal o en los puestos vacantes de la Corte.

Cornejo huele con acierto el ambiente cuando dice que los magistrados no están interpretando bien el humor social.

Reclamar que la Justicia ponga un poco más de atención en los derechos no debidamente merituados de las víctimas del delito ya no es algo que sólo pida el ciudadano común.

Cada vez más es también el pedido de los peldaños sociales informados y con educación universitaria.

Si bien los fiscales y los jueces deben cumplir con la letra de la ley, todos sabemos que las leyes se interpretan y que, sin necesidad de serle infiel a la norma, hay que enriquecer su cometido con las nuevas aspiraciones que va mostrando la sociedad.

Eso también es pedir justicia.

Pero con los jueces hay que andar con tacto, porque existe en esa corporación, quiéranlo o no, un sedimento de casta, de superioridad, de no aceptar con facilidad el reclamo de los poco doctos.

Vamos terminando
Esta tendencia a embestir en lugar de convencer es la que le suele jugar malas pasadas a Cornejo.
Por ejemplo, él no debería seguir desconociendo la muy justa necesidad de que haya mujeres en la Suprema Corte de Justicia de la provincia.

Sin embargo ayer volvió a postular a un varón (José Valerio) para suceder al renunciante miembro de la Corte Herman Salvini.

Ese tribunal supremo necesita de miradas femeninas. Sobre todo a la luz de los femicidios, que han pasado a ser una peste en el tejido social, o de las nuevas realidades (y por lo tanto los nuevos problemas legales) que presentan hoy las familias ensambladas o los matrimonios igualitarios.
Pero la mirada femenina no sirve sólo para eso. La mirada femenina complementa la mirada y el juicio del varón y de ambas nace la mirada y el juicio de los humanos.

En fin, Cornejo tiene esas cosas. Esa fibra de mataco.

Tampoco le gustan mucho los periodistas, a los que, según la leyenda (nunca desmentida), acusó alguna vez de "soretes".

Eso no quita que uno también pueda hablar bien de él.
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