A Fondo A Fondo
domingo 16 de julio de 2017

Al final, todo depende del bolsillo

La falta de reacción del consumo podría terminar complicando la batalla decisiva que se librará en las legislativas del 22 de octubre

Si la economía mejora y el año próximo las perspectivas de Macri 2019 crecen, la influencia de Cristina irá decayendo en el peronismo. Por el contrario, si las penurias económicas no se superan, o se agravan, serán menos los opositores dispuestos a ayudar a la Casa Rosada. Esa parece ser, por estos días, la sensación generalizada que proyectan los analistas políticos y económicos, de cara a las elecciones PASO del 13 de agosto.

Ahora bien ¿qué influencia tendrá la economía en el voto? Un sondeo, realizado por la consultora OH! Panel, sobre un total de 1.150 casos en todo el territorio argentino, reveló que un 67 por ciento de los encuestados respondió que votará pensando en la economía, mientras que un 33 por ciento lo hará signado por la política.

El estudio arrojó que quienes eligen en base a la situación económica (25%) tienen como principal razón que se avance en la línea política del gobierno de Mauricio Macri, mientras que los que sufragan priorizando la política (34%) buscan evitar que vuelva al poder la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner.

Para Marina Dal Poggetto, del Estudio Bein, la inversión empieza a crecer más rápido motorizada por el boom de obra pública y la de algunos sectores que recibieron fuertes señales de precios. En el segundo semestre, la mejora se profundizaría en la comparación interanual.

La obra pública continúa a buen ritmo y se espera siga así hasta octubre. Pero el Talón de Aquiles del modelo por ahora sigue siendo el consumo, ya que los expertos coinciden en que seguirá reaccionando en forma lenta y dispar.

De cumplirse este pronóstico, la falta de reacción del consumo puede terminar complicando la batalla decisiva que se librará en las legislativas del 22 de octubre.

Hasta ahora, los logros han sido considerables. Y lo que parecía casi imposible se concretó el año pasado: la salida airosa del cepo cambiario y la finalización del default de la deuda pública.

Sin embargo, se mantiene pendiente una asignatura pendiente que condiciona el devenir de las demás. La corrección de las distorsiones en la estructura de precios relativos recibida del gobierno anterior. Y no es casual que sea así pues tal corrección conllevaría acentuar el problema de la inflación e incentivaría la baja del salario real y la depresión de la actividad económica.

Pese a no haber encarado decididamente esta asignatura, la reactivación económica y el control de la inflación al nivel de un dígito continúan dilatándose. El gradualismo elegido exige una fuerte
dependencia con los mercados financieros internacionales para afrontar los desequilibrios tanto fiscal como externo. Y por lo tanto el acceso a ellos genera incertidumbre para el futuro inmediato lo que, a su vez, patea en contra del propósito oficial.

Si algo entusiasma hoy al mundo económico es verificar que las máximas autoridades, empezando por el Presidente de la República, conocen perfectamente la agenda que se necesita encarar después de octubre. Saben los hombres que gobiernan, por formación y experiencia, que no hay chance de salida para el país con este nivel de presión impositiva sobre quienes trabajan, producen y consumen.
Mucho menos con los actuales costos laborales no salariales y logísticos que suman el doble de los que se pagan en países vecinos. En el fondo, todos coinciden en que resulta inviable financiar el actual tamaño del Estado a todos los niveles, especialmente las obligaciones previsionales, una cuenta que luce cada vez más impagable para los contribuyentes.

De allí que se formulen como tan cruciales los resultados electorales para el futuro económico. No se trata sólo de la reaparición de Cristina Kirchner. El problema viene de antes: cómo hacer para que la Argentina sea atractiva para invertir.

Cómo lograr rentabilidad para los inversores con el cóctel complejo de atraso cambiario y récord de presión impositiva por el gigantismo estatal. Argentina es cara en dólares para entrar, es cara para producir, y luego te funden el Estado y los sindicatos con los impuestos y los costos laborales extra-salario.

Y todo indica que seguirá el problema del atraso cambiario, porque seguirá financiándose el déficit con ingreso de dólares desde el exterior. Lógicamente un fortalecimiento político de la ex Presidenta Cristina Fernández y lo que ella representa en términos de ideas económicas viene a complicar todavía más el panorama.

Que se necesita una reforma económica de fondo nadie lo duda. El problema es qué profundidad tendrán esas iniciativas que se prometen, en un Gobierno que hasta ahora apostó y dice que seguirá apostando al gradualismo.

Al mismo tiempo, es determinante saber con qué plácet político se encontrará Mauricio Macri después de las elecciones del domingo 22 de octubre para avanzar con los proyectos en el Congreso de la Nación.
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